Sean 50.000 ó 100.000 las hectáreas, la trayectoria de José Luís Bastos es de leyenda en Namibia. Nacido en Bouzas (Vigo) e hijo de una familia arruinada por la Guerra Civil, Bastos emigró muy joven a Inglaterra y estudió hostelería en Suiza. Fue mancebo en una farmacia en Vigo, guardaespaldas en Escocia y director de un hotel en Las Palmas, trabajo en el que permaneció hasta su primera incursión en Namibia, hace ahora 45 años.
Su hermano, propietario de una naciente empresa pesquera, falleció de repente y José Luis tuvo que hacerse cargo del negocio. Con 30 años y junto a su esposa, recaló entonces en un pequeño pueblo pesquero en la misma costa del desierto de Namib. Y allí fue donde comenzó a levantar su imperio con una factoría de pesca y congelación, una flota de nueve barcos y diversos negocios, como inversiones inmobiliarias o una funeraria, que pronto lo colocaron como una referencia de la colonia española en Namibia.
Con el tiempo comenzó a adquirir propiedades, siendo la mayor una comprada a un capitán afrikáner (como llaman a los descendientes de los colonos blancos). A esa finca añadió posteriormente la de la familia Penas y con los años se convirtió en una de las más apetecibles para la caza pro la que pasaron personalidades de medio mundo, acrecentando aún más la figura del rey gallego de África.