X. A. TABOADA VALENCIA
Amigo de reyes, protagonista de reportajes fotográficos y documentales, condecorado con la medalla de la Encomienda de Isabel la Católica, buscador de uranio, terrateniente y empresario, el vigués José Luis Bastos, conocido con los sobrenombres el rey gallego de África o el Caballo Blanco del Desierto, ha levantado todo un imperio en Namibia gracias a la pesca y a la caza. La causa de su orgullo y también de su poder es una finca de 100.000 hectáreas -como una cuarta parte de la provincia de Pontevedra-, una de las mayores del continente por la que han pasado políticos, financieros toreros, actores y deportistas de élite para darle más lustre. Pero ahora su imperio ha quedado reducido a la mitad, porque la Corte Suprema de Namibia le ha retirado la propiedad de 50.000 hectáreas y se la ha devuelto a los que considera sus propietarios legítimos, una conocida familia de Santiago muy asentada en el sector inmobiliario.
Desde el pasado mes noviembre, la mitad de la finca ha vuelto a las manos de Emilio Penas y Emilio Damián Penas. "Para la familia es un tema zanjado", resuelve telegráficamente su abogado, Ramón Sabín.
La relación de los empresarios compostelanos con José Luis Bastos se remonta a hace unos veinte años, cuando lo nombraron su hombre de confianza para administrar sus propiedades en Namibia, unas 50.000 hectáreas enclavadas a unos 170 kilómetros al oeste de la capital namibia.
Cuenta Sabín que el Gobierno del país africano inició una serie de reformas de la propiedad y que éstas fueron aprovechadas por el Caballo Blanco del Desierto para convencer a la familia de que pusiera las tierras a su nombre para así evitar que fueran expropiadas. Esto pasó entre los años 1994 y 1995. "Les dijo que el Gobierno iba a quitar las propiedades a los extranjeros y que las podían conservar poniéndolas a su nombre porque tiene la nacionalidad namibia. Los engañó, porque tras las reforma los extranjeros pueden conservar sus propiedades en Namibia", relata el abobado de la familia Penas.
¿Qué fue lo que puso en sobreaviso a los empresarios compostelanos? Pues la notoriedad que José Luis Bastos da a sus acciones, al aparecer hace un año en un reportaje de televisión alardeando de las 100.000 hectáreas de su finca, bautizada como Khomas Safaris, y anunciar que, junto con una firma australiana, empezaba a explorarla para buscar yacimientos de uranio.
Las minas de uranio
Los Penas se pusieron en contacto con él para conocer los planes, asegura Ramón Sabín, y descubrieron que Bastos se había "independizado", por lo que iniciaron un pleito para que el rey gallego de África le devolviera las 50.000 hectáreas. El juicio no llegó a celebrarse, continúa Sabín, porque justo antes de abrirse la sesión José Luis Bastos accedió a devolver a la familia compostelana las tierras. "Llegó a un acuerdo una hora antes de acudir ante el juez", asegura el abogado. La resolución de la Corte Suprema de Namibia se dictó en noviembre del pasado año.
¿Y qué hay del uranio? El representante legal de la familia asegura que se detectaron rastros, pero que su presencia es tan escasa que no hacen posible su explotación. Eso sí, su riqueza cinegética y paisajística sigue, por lo visto, siendo tan hermosa como siempre contó el Caballo Blanco del Desierto y la explotación seguirá dedicándose a la caza y a los safaris, como actividad principal, para deleitarse de sus sabanas, montañas, animales y una diversidad de flora apreciada por naturalistas de medio mundo.
El apelativo de rey gallego de África le viene por sus extensas propiedades en Namibia (cuando gestionaba las 100.000 hectáreas). Para hacerse una idea, la mayor finca de Europa está situada en Castilla-La Mancha y tiene una extensión de 25.000 hectáreas. Y el de Caballo Blanco del Desierto, que significa algo así como "guardián oficial de sus tumbas", el propio Bastos asegura que fueron dos ancianos de una tribu quienes se lo pusieron en una ceremonia porque en sus tierras hay tres túmulos bajo los que descansan los restos de los reyes de una tribu ya desaparecida, pero a los que siguen honrando aún hoy.