´Todavía recuerdo los fogonazos´

 

P. SOCORRO LAS PALMAS DE GRAN CANARIA "Todavía recuerdo el resplandor de los fogonazos". "En ese momento yo venía junto al timón y atrás iba Manuel Sosa El Cabito, el fogonero. Fue un momento muy amargo", recuerda hoy Cristóbal Martín Martín, el timonel del barco de cabotaje San Carlos sobre aquella travesía que marcaría el resto de su vida.
Cristóbal Martín tenía entonces 18 años y cobraba doscientas pesetas al mes por su empleo de marinero. "Habíamos estado en El Aaiún descargando azúcar, azulejos, material de construcción, bebidas y otros alimentos en un puesto militar español. Entonces no había muelle ni nada. Pero tuvimos que salir al día siguiente porque no teníamos aún arreglada la documentación", asevera.
La mayoría de los pasajeros y algunos de los marineros del vapor ya venían descansando cuando "a eso de las ocho de la noche lanzaron un proyectil por la banda de babor. Entonces el patrón Rafael Sosa empezó a tocar el pito, pero se rompió la liña del pito. Otro de los proyectiles partió la chimenea en dos. Yo me fui a la banda de estribor para coger la lancha y allí hirieron a uno de los pasajeros. El submarino también destrozó con un pepinazo la falúa que llevábamos de remolque para traerla para Canarias y que pertenecía a un barco que había encallado en Cabo Juby", dice.

Arriada la barca
"Por la banda de babor ya teníamos arriada la barca que estaba toda destrozada y abandonamos el barco. En ese momento otro proyectil nos dejó a oscuras al romper la dinamo e hirieron a uno de los pasajeros". Ya en la barca empezaron a bogar. Poco después oyó que su compañero, Francisco Expósito, gritaba, exasperado: "¡Ahí vienen a embestirnos por la banda de estribor! Pero seguimos bogando hacia allá y ya no lo vimos más".
El submarino hundió el barco a cañonazos pero respetó a los náufragos, a los que dejó a su suerte. "A lo mejor creían que no escapábamos de esa", asegura el timonel.

El rescate
Tras alejarse de allí, sin comida ni agua y con seis personas heridas en la barca, siguieron remando durante la noche y se dispusieron a luchar por su existencia. "Entonces vimos a lo lejos un barco de velas. Era El Adán y los soldados que llevábamos de pasajeros se quitaron sus camisas y les prendieron fuego para que nos viesen, pero el barco siguió de largo, en dirección a Las Palmas", relata el timonel. "Más tarde ya empezamos a ver la entallada de Jandía. Y entonces sabíamos que por allí debía pasar el correíllo La Palma, camino de Gran Canaria. Pero venía retrasado porque había mar de levas". Y así fue. "Nos recogieron a las doce del mediodía y nos ofrecieron ropa y comida. La gente estaba almorzando a bordo", asegura. Estaban helados y heridos, pero estaban vivos. Era miércoles 19 de diciembre de 1940.

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