Juan. M. Carretero
Un brigada de Infantería de Marina impide un posible levantamiento militar en Bosnia-Herzegovina. Un comandante del Ejército de Tierra repele un ataque insurgente en Afganistán en el que no hubo bajas en su compañía ni víctimas civiles. Son sólo dos ejemplos de la labor de las Fuerzas Armadas Españolas en sus misiones en el exterior que han sido recogidos en los spots que han aparecido en la campaña que el Ministerio de Defensa ha llevado a cabo en los últimos días con motivo de la celebración este fin de semana en Badajoz del Día de las Fuerzas Armadas.
Y es que mucho ha cambiado el Ejército desde que en 1989 España envió sus primeros siete observadores militares a Angola, en una misión de la ONU para verificar la retirada de tropas cubanas desplegadas en el país africano. Dos años después, el Ejército de Tierra comenzó su experiencia con contingentes militares en el exterior. Por entonces la mili era obligatoria -fue abolida en diciembre de 2001- y el Ejército no era profesional, pero fue una de las bases del despegue hacia el prestigio que las Fuerzas Armadas han alcanzado en la sociedad española hasta ser hoy una de las instituciones mejor valoradas por los ciudadanos, superando, al menos entre los jóvenes, a la Monarquía, que en la década de los 90 era la institución más apreciada, según las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
Veinte años después las salidas de tropas españolas al exterior ya se han convertido en un hecho habitual.
Desde entonces, unos 130.000 militares españoles -90.000 de las fuerzas de Tierra- han sido desplegados en 56 de operaciones en cuatro continentes en labores de mantenimiento de la paz, reconstrucción de infraestructuras en zonas devastadas y facilitando la distribución de ayuda humanitaria en catástrofes naturales y en campos de refugiados. Su contribución se ha pagado con 148 muertos en accidentes de aviación, de carros de combate y atentados. Especialmente sangrienta fue la misión anterior de Bosnia (23 muertos) y la actual de Afganistán, en la que han dejado su vida 90 miembros de las Fuerzas Armadas.
Actualmente hay presencia española en nueve misiones amparadas por la ONU, la UE o la OTAN, con más de 3.000 militares, superándose el tope impuesto desde el Gobierno de José María Aznar. El número de víctimas en estas operaciones es de 121.
La más importante tanto por número de soldados desplegados como por la situación, que desde distintos ámbitos se califica de guerra, por lo que se pide su retirada, es la operación ISAF en Afganistán, en la que España contribuye con más de 1.500 efectivos en sus bases de Herat y Qala-i-Naw, además de los que estuvieron destinados con carácter temporal durante las pasadas elecciones.
La misión Uniful en El Líbano, como vigilancia del alto el fuego entre Israel y las milicias de Hizbulá, con 1.100 efectivos y con un general español como Jefe de Misión y Comandante de la Fuerza, y la misión Atalanta, en aguas de Somalia, para hacer frente a la piratería, son los dos operativos en los que España tiene más protagonismo.
Las Fuerzas Armadas participan actualmente en la operación en Bosnia-Herzegovina y con asesores en Kosovo y República Democrática del Congo.