23 de febrero de 2016
23.02.2016
Caso Nóos

Diego Torres, el socio infiel de Urdangarin

Volcado en su trabajo, el exsocio de Urdangarin es considerado un hombre inteligente y aficionado al lujo

23.02.2016 | 08:34
Diego Torres.

Además de Iñaki Urdangarin, la otra ´pata´ sobre la que descansa la presunta actividad delictiva del ´Caso Nóos´ es la figura de Diego Torres (Mahón, 1965), un hombre hecho a sí mismo, un ´self-made man´, como se diría en Estados Unidos.

El exsocio de Urdangarin y éste formaron una alianza que empezó a quebrarse cuando se produjeron las primeras investigaciones judiciales, aunque parece ser que, en 2009, antes de que se conocieran las presuntas irregularidades, Urdangarin acusó a Torres de estar robándole dinero.

Diego Torres, considerado un muy buen estudiante, se trasladó a finales de los años 80 a ampliar sus estudios a la prestigiosa ESADE de Barcelona, una de las mejores escuelas de negocios de Europa. Después de una estancia en Estados Unidos, donde trabajó para Arthur Andersen, regresó en los años 90 para convertirse en profesor asociado de su antiguo centro de estudios.

Y ahí fue donde trabó contacto con Iñaki Urdangarin. Ambos disponían de numerosos contactos, uno en el ámbito de los negocios y otro en el del deporte. Así que decidieron aprovecharlos de forma conjunta para explorar los beneficios que podían surgir del impacto económico y social que generan la organización de eventos deportivos.

Las pesquisas de la justicia descubrieron la captación de fondos públicos que fueron desviados presuntamente a paraísos fiscales. La consultora que dirigía Torres facturaba unos 80.000 euros al año por labores de asesoría. En ella figuraba también su esposa, Ana María Tejeiro, también imputada en la trama. Torres y Tejeiro tienen dos hijos y residen en un chalé de una lujosa urbanización de Sant Cugat del Vallés, valorado en más de un millón de euros.

Aficionado a la vela recreativa, Torres contrató como abogado a Manuel González Peeters, que durante este proceso está optando por seguir una estrategia más agresiva que el letrado de Urdangarin.

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