02 de mayo de 2018
02.05.2018
Disolución de ETA

Lo que queda de la banda terrorista tras su disolución

Sus casi 300 presos y sus decenas de armas de entregar es el equipaje con el que la banda ha dicho adiós

03.05.2018 | 15:49
El histórico dirigente de ETA Josu Ternera.

Apenas seis liberados, algunas decenas de armas aún sin entregar y, sobre todo, sus casi 300 presos es el equipaje con el que una agónica ETAha dicho adios este miércoles, probablemente pergeñado desde la cárcel por algunos de los que fueron sus dirigentes, como Mikel Albisu "Mikel Antza" o David Plá.

Es lo que opinan algunos de los expertos en la lucha antiterrorista consultados por EFE, que coinciden en afirmar que si lo que ETA ha anunciado es la disolución de la banda o no es más que la constatación de la victoria del Estado de derecho sobre décadas de terrorismo.

Y ha sido también la consecuencia de unos continuos golpes policiales que han ido diezmando a la banda, hasta el punto de dejarla con media docena de liberados huidos, "no cualificados", "desestructurados", sin jerarquía y sin ninguna capacidad para regenerarse después de las operaciones de la Guardia Civil en 2015 y 2016 que acabaron con sus últimas cúpulas.

Es este "desconcierto", como subraya una fuente, el que llevó a ETA a plantearse la entrega de armas y el fin de ciclo que parece anunciarse.

Pocos nombres conocidos en el breve listado de activistas y entre los algo más "desconectados", algún histórico dirigente como Juan Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera, al parecer enfermo y que, según la opinión de algunos, podría ser uno de los encargados de realizar el supuesto anuncio de disolución a través de un vídeo.

Desde el cese de la violencia, declarado en octubre de 2011, la organización terrorista ha ido dando pasos consecuencia de un debate interno cuyos resultados ha ido plasmando en diferentes comunicados, entre ellos el del pasado día 20, donde asumió su "responsabilidad directa" en el "sufrimiento desmedido" que ha padecido la sociedad vasca y pidió perdón, aunque según las víctimas, no a todos.

¿Quiénes están detrás de esos comunicados? Para algunos de los consultados no hay duda de que los presos, que podría ser los grandes beneficiados del final de un proceso impulsado, según las fuentes, por reclusos como David Plá o "Mikel Antza", miembros en su día de las cúpulas de la banda.

Y para argumentar esa afirmación, hay quien recuerda las manifestaciones reiteradas del que fuera ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, quien llegó a decir en tribuna parlamentaria que si la organización se disolvía, ya no tendría sentido la política de dispersión de los presos.

Mientras, Francia ya está aplicando una política de acercamiento, aunque no general, y ha trasladado a algunos etarras a cárceles más próximas a Euskadi.

Un puñado de liberados huidos


Con esa incógnita aún abierta, lo cierto es que ETA se despide con un puñado de liberados huidos, con origen en la "kale borroka" y que, según las fuentes consultadas, no han tenido capacidad para regenerar sus estructuras.

De hecho, la última cúpula con algo de "solera" fue desmantelada por la Guardia Civil en colaboración con la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI) francesa en septiembre de 2015 con la detención de David Plá e Iratxe Sorzábal, a quienes relevó Mikel Irastorza, capturado un año después.

Antes, se habían sucedido diversas operaciones contra sus estructuras y, así, la Guardia Civil puso bajo las cuerdas al llamado "frente de cárceles" y desmanteló su aparato logístico con el arresto de su máximo responsable, Xabier Goienetxea, y su mano derecha, Joseba Iñaki Reta de Frutos.

Y en lo que queda de ETA hay que añadir los entre 80 y 90 huidos especialmente a Latinoamérica, muchos de ellos a Cuba y Venezuela como "refugios" más importantes. Apartados de la banda, algunos se han desmarcado menos y están "echando una mano" cuando se les reclama, con asesoramiento o con la difusión del mensaje que ETA está trasmitiendo ahora.

Incapaz de recomponerse, ETA ha ido haciendo entrega de parte de su arsenal, en un goteo que no ha acabado, ya que para cuadrar las cuentas falta al menos el 15 por ciento de lo robado en 2006 en Vauvert, en el sureste de Francia, cuando se sustrajeron 196 revólveres y 145 pistolas automáticas además de 60.000 cartuchos.

El pasado diciembre, en un juicio en Francia a dos etarras, el comandante de la Subdirección Antiterrorista del país galo, Laurent Hury, declaró que se desconocía el paradero del 20 % de las armas robadas. Si la veintena de las entregadas esta semana forman parte de ese robo, aún faltaría un 15 %.

Más complicado es cuantificar el explosivo del que aún dispone la banda y tampoco hay certeza de que todo lo tenga controlado.

De no tenerlo, sería una importante irresponsabilidad porque ha podido perder cualidades y convertirse en más inestable. O lo que es lo mismo, en peligroso.

La banda deja 857 muertos, el primero de ellos el guardia civil José Antonio Pardines hace casi 50 años. El último, el policía francés Jean-Serge Nérin en marzo de 2010.

Precisamente, y como homenaje a estas dos víctimas, la Guardia Civil bautizó con sus nombres las operaciones que acabaron con las dos últimas cúpulas de la banda.

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