13 de octubre de 2015
13.10.2015
Corte de honor: Alicia Moreno

Una vida entregada a su comisión

Delegada de infantiles, de play back infantil, hacer el llibret, la presentación... una fallera multifuncional que ha llevado a Doctor Álvaro López-San Juan de Dios, como mínimo, el cargo de la corte por primera vez en su historia.

21.10.2015 | 19:56
Alicia Moreno Morales | Falla Dr. Álvaro
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Así fue la entrevista a Alicia Moreno como preseleccionada a la Corte 2016

En corto:

  • Indumentaria valenciana:
    Rosa Martínez, modista particular de toda la vida
  • Para vestir de particular:
    Zara, Mango y Silvia Navarro.
  • Manías y liturgias:
    Una pulsera que me dio una amiga. De color rojo en la que pone: «estar contigo es soñar» y un llavero de una imane de mi madre.
  • ¿Qué repasó antes de las pruebas con el jurado?
    Saber un poco los nombres de falleras mayores de Valencia de la historia y ponerle interés a los cambios de la nueva junta central fallera.
  • Un remedio fallero.
    Polvos de talco en todo el cuerpo cuando hace calor. Además, así el corpiño sale muy fácilmente..
  • Una fallera mayor mítica:
    Sandra Muñoz.
  • Una cortesana mítica:
    Esther Pascual, de la corte de Carmen Sancho.

Hace años, la presencia de Alicia Moreno en la corte de honor con 30 años habría sido un shock. Pero eso ya quedó superado en los albores del siglo cuando, por ejemplo, en 2003 María Jesús Angulo los cumplió en pleno mes de marzo. Luego le pasaría a Tania Porta en 2011. Alicia, que recibirá pronto el «bunyol de brillants», ya llega con la treintena cumplida al cargo de honor y con mucha paciencia. «Fui fallera mayor infantil en 1997 y cuando lo dejé ya soñaba con ser mayor. Pero en mi falla es por antigüedad. Así que tuve que esperar y, mientras, iba preparando el «ajuar». Y es que la vida fallera de Alicia en Doctor Álvaro López-San Juan de Dios no empezó hasta los ocho años. «Anteriormente me habían apuntado, por la relación con amigos, a San Rafael-Antón Martín y allí estuve desde los tres a los ocho años. Antes ya me vestía mi madre de valenciana aún sin pertenecer a una comisión».

Su madre llegó casi de bebé desde Fuencaliente, el último pueblo de Ciudad Real antes de pasar a tierras cordobesas. Y su padre arribó siendo un jovencito desde Valdemeca, el último pueblo de Cuenca antes de pasar a tierras turolenses. Se asentaron en la calle San Rafael, casi la última calle de la Malvarrosa antes de pasar a tierras cabanyaleras. La mezcla de sangres no son óbice para que asegure que uno de los requisitos indispensables para ser fallera mayor de Valencia ha de ser «hablar perfectamente el valenciano». Como ella misma. Es la primera vez que la corte de honor aterriza en la comisión, colindante con el hospital del mismo nombre (San Juan de Dios) y famoso por esos parques centrales inexistentes y que los vecinos llevan reclamando desde hace años para que no se conviertan tan a menudo en piscinas. Una comisión con existencia feliz y apacible, aunque a su fallera mayor de 2015, ella misma, le pasara de todo. «El 15 de marzo, al bajar del autobús en la recogida del ninot, sufrí un esguince de tobillo que me obligó a llevar una bota ortopédica el resto de la semana de fallas. Salvo cuando iba de valenciana, claro, que ahí iba con el zapato, doliera lo que doliera». Y el día 16€ «la falla grande no estaba bien acabada. Se había quedado a medio pintar y hubo que rematarla entre todos». El día de la ofrenda «llovió, pero salió bien. Me respetó bastante». En definitiva, tal como es fácil imaginar, «ha sido el año más maravilloso de mi vida. Un recuerdo imborrable». Una recompensa para alguien que, en la falla, ha hecho prácticamente de todo. «He sido delegada de infantiles, play back, he hecho el llibret, he sido presentadora, he organizado presentaciones, proclamaciones, pedidas€ ahora estoy en festejos». Y aún tiene tiempo para hacer miles de kilómetros cada semana, en su trabajo de responsable de marketing (Visual Merchandiser, técnicamente hablando) de la firma Adidas. «La cuestión es estar organizada y yo procuro tenerlo eso muy claro. El año pasado pude cumplir los objetivos». A ella se le acabó rápido la temblequera. «Había muchos nervios. Me veía con posibilidades porque confiaba en mi, pero ser la segunda en ser nombrada fue una liberación. Se me vino todo encima. Esas emociones son indescriptibles».

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