09 de noviembre de 2015
09.11.2015
Una marca de calidad

El siglo de la familia Puche

San Vicente-Periodista Azzati celebra su centenario con un homenaje al artista que más éxitos le ha dado

10.11.2015 | 03:24
El siglo de la familia Puche

Julián, Pepe y Marina, la gran trilogía de artistas falleros, fueron recordados ayer, pero el protagonismo fue para el autor de la Puerta del Infierno, el Diari de Ampa y otras obras maestras.

­El centenario de la falla San Vicente-Periodista Azzati coincide en el tiempo con el centenario de la familia Puche, ya que fue en mayo cuando se celebró el 100 aniversario del nacimiento del patriarca, Julián, primero de una serie de tres generaciones que ha dado posteriormente a uno de los grandes artistas del cambio de siglo, José, y a una de las jóvenes artistas multidisciplinares, la tercera, Marina. A la hora de la verdad, la charla se convirtió en un homenaje a José Puche quien, tras su jubilación, deja un historial que resumió el presentador, José Vicente Marco, con 18 fallas firmadas y nueve victorias, tres segundos premios, dos terceros y diez victorias de ingenio y gracia.

Su hija, Marina, su íntimo colaborador José Luis Álvarez «el Metge» y el estudioso de la ADEF Iván Esbrí participaron en un recorrido profesional que este último señala como «la tercera vía en un tiempo en el que la pauta la marcan Miguel Santaeulalia y Julio Monterrubio, mientras que Marina es la línea del siglo XXI».

Recordó José Puche que su primer gran momento fue precisamente en San Vicente-Periodista Azzati. «Yo tenía 22 años y estaba como loco por hacer fallas propias. Sólo había hecho dos pequeñas en Bolsería». Nada menos que tres primeros premios en Primera A de 1973 a 1975 (la célebre Puerta del Infierno). Tras dos fallas en 1982 llegó su particular desaparición, trabajando para la firma Lladró. «Aquello cambió mi historia. Pero desvincularme de hacer fallas es como intentar dejar de fumar. Pasé el "mono", pero cuando me dieron la oportunidad de dar otra calada, con la falla de la Expo del 92, recaí y con mucho gusto». Es el tiempo de las victorias en Malvarrosa «que permitieron poner en el mapa a las fallas de los poblados marítimos como nunca hasta entonces» dijo Esbrí.

Puche tuvo un recuerdo especial para las fallas de Vall de Laguar «en las que, sin presión y con poco presupuesto, pude hacer algo totalmente distinto. Como aquella en la que presentamos un boceto totalmente convencional y conocido y en la falla había un montón de muebles y unos carteles que decían que el artista les había dejado "colgados". Mucha gente se creyó la historia, pero todo formaba parte de una trama».
Tras la falla de los ancianos, su debut en Sección Especial en Exposición 2003, el debate se estableció con el célebre «Diari de Ampa» de 2004. Para muchos, una de las mejores fallas de la historia. «Si tienes una buena historia, te puede salir una buena falla. La empecé pronto y me salió en seguida. ¿La mejor? No puedo decir eso de ninguna de mis fallas. Antes me saldrían las peores». Fue su última victoria, antes de regresar a Especial con otro tercer premio con un presupuesto más bajo que muchos participantes. «Amor a cuatro patas» marca, seguramente, sus máximos de volumen «aunque prácticamente trabajamos los mismos. Antes del verano, los grandes remates ya estaban modelados».

No hubo unanimidad sobre su mejor falla, porque el «Metge» se quedaba con la de su regreso, la «Prehistoria Fallera» de Archiduque Carlos-Chiva de 1994, su primera falla tras doce años de ausencia, e Iván Esbrí recordaba «Malvarrosa Night», la de dos años después. Lo que sí que aseguró el maestro es que «siempre he tenido la suerte de trabajar en lo que me gustaba».

También recordó su gusto por los argumentos «picantes». «La del cuerno, la de San Vicente en 1973, ya era subidita para su tiempo» y que su mayor satisfacción ha sido «estar plantando y ya escuchar a la gente riéndose».

No añora la victoria en Especial
En su trayectoria no plantó nunca para aspirar a ganar en la Sección Especial, pero asegura no echarlo de menos. «Siempre he dicho que he querido plantar lo que he podido dominar», independientemente de las victorias de su padre, como las de Na Jordana y Convento Jerusalén, en las que él ya estaba integrado en el taller.

Ahora, el futuro lo representa su hija Marina, quien tras unos primeros pasos como pintora, ha creado una marca de bisutería, Manitas de Plata, cada vez más introducida en el mercado. «Yo le digo que haga lo que sea mejor para ella. Afortunadamente, parece que el mundo de la pintura empieza a remontar. ¿Fallas? Lo único que me sabe mal es algún que otro jurado que va. Es como si yo fuera a calificar música. Si no entiendo, no voy».

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