15 de marzo de 2016
15.03.2016

Desquitarse

15.03.2016 | 04:15

Aitana empezó a disparar en la plaza del Ayuntamiento en 2011. Fue un dos de marzo. Desde entonces ha ido ascendiendo en el escalafón del «fallendario» hasta situarse, en su sexto año de mascletá, en pleno día catorce. Ayer, tras la traca valenciana de rigor, hicieron dos inicios aéreos. El primero más clásico, en el Norte, con dos tipos de volcán de serpentinas, fue muy interesante. El segundo tiempo de esta introducción aérea ya fue en fachada en todo el lado Oeste (Ayuntamiento), de corte más moderno. Ambos tuvieron cierre de rodadas de truenos en el suelo, marcando y delimitando. La parte terrestre, iniciada de forma eléctrica, tuvo cinco cuerpos. Y sus acompañamientos variaron, cosa que es buena. Aunque, quizá, las sonoras chicharras de la cuarta, al desaparecer en la quinta, desinflaron algo el aire en este último tramo terrestre. La cuarta retención, además, en algún momento se igualó un poco, ahuecándose, pero en la quinta, muy fuerte y muy cargada, se arregló la cosa. Lo bueno de tener un día nublado fue que le hizo poder lucir más las descargas de trueno con multicolor, en el suelo. El terremoto se hizo muy bien en empezarlo con sólo tres ramales, ya que, al ser directo (volado), ya pegó mucho desde el comienzo. Hizo cinco pasadas y, en la última, casi llegó a doler (y no debiera) por tanta potencia como tuvo. En los terremotos directos suelen evidenciarse más los codos, como quizá ayer. Lo bueno es que Juan Mollá tuvo el gusto de revestirlo con acompañamiento aéreo según entró este final terrestre, dándole más empaque. El final, que era grande, digitalizado en aire y tierra, no resultó como debiera; se desdibujó, se alargó con repeticiones poco claras y tuvo flecos finales. El año que viene, a desquitarse.

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