17 de abril de 2016
17.04.2016
Entrevista

Pablo Arribas Buendía: "No me gustaban las Fallas... y he sido presidente 40 años"

El presidente de Daroca concluye el segundo mandato más largo de la historia

17.04.2016 | 01:12
Pablo Arribas Buendía: "No me gustaban las Fallas... y he sido presidente 40 años"

El presidente de Daroca concluye el segundo mandato más largo de la historia Final de carrera de un símbolo de la fiesta. El pasado viernes terminó el mandato de Pablo Arribas en la presidencia de la falla Daroca-Padre Viñas. Nada menos que 40 años en el cargo, el segundo más largo de la historia, sólo superado (y todavía creciendo) por los 41, y empezando el 42, de Antonio de Zárate en Mosén Milá.

«Nada, que no hay forma de coger a Zárate» asegura con humor Pablo Arribas quien, desde anteayer, ya no es el presidente de la falla Daroca-Padre Viñas después de cuatro décadas en el cargo. Pero la decisión ya estaba tomada hacía más de un año.

¿Cuando decidió concluir su larguísimo "reinado"?

Poco antes de empezar las fallas del pasado año. Eso que te lo planteas, que ves que llevas toda la vida y que en algún momento tiene que acabar. Cuando me eligieron en abril del año pasado ya anuncié que iba a ser el último. Y no me puedo quejar: no hemos tenido fallera mayor y casi casi se puede decir que he sido yo: venían a recogerme a casa con la música, me escoltaban las que han sido falleras mayores con sus bandas... un final muy bonito y muy emotivo. Estoy satisfecho porque la continuidad de la falla está asegurada. La presidencia la coge Vicente Piedrabuena, un chico joven, un loco de las fallas, que seguro que lo va a hacer bien.

Y ¿cómo se llega a toda una vida en la presidencia?

Lo primero es llegar a la falla. Y tengo que confesar que, de joven, no me gustaban especialmente. Y luego he estado 40 años dirigiendo una. Nos gustaban los pabellones de la Feria de Julio, intentábamos saltar la valla para colarnos... pero si entré fue porque nos dimos cuenta que era la mejor manera de "festear". Entró la que entonces era mi novia y luego fue mi mujer, luego entré yo... y ahí nos quedamos. Empecé de vocal, luego estuve en infantiles, al tercer año me pusieron como «delegado ante la Junta Central Fallera» y poco después ya era presidente.

Cuando tenía 26 años y era un auténtico «hippie».

En la primera asamblea a la que fui, el policía no me dejaba pasar. Ese jovenzuelo con greñas no podía ser presidente de falla. Y tuvo que bajar el alcalde, el señor Miguel Ramón Izquierdo, que siempre fue una persona excepcionalmente amable conmigo, para convencerle.

Amable, a pesar de estar en las antípodas ideológicas.

Nunca he ocultado que soy una persona de izquierdas, pero he tenido la inmensa suerte de tener muy buena relación con todos. Sin ir más lejos, he recibido mensajes muy cariñosos de Félix Crespo y de otros miembros de las directivas anteriores.

Sin embargo, Daroca-Padre Viñas nunca ha sido tildada de «falla roja», como otras sí que han tenido ese punto de identificación con un presidente «político», tanto en una orilla como en la otra.

Porque nunca lo he permitido. Política, nada y fútbol... lo justito. Para no pelearnos nunca. En nuestro barrio hay opiniones de todo tipo y lo que siempre me impuse como dogma fue que en la falla, se habla de falla. Y creo que lo he conseguido. Daroca nunca ha sido una comisión marcada. Y a veces me cuesta alguna discusión en la Agrupación, porque últimamente se está jugando demasiado a hacer política. Lo bonito es que luego son los mismos que, en la última exaltación de falleras mayores, me hicieron un homenaje de despedida. Eso es lo bonito que tiene la fiesta.

Una falla humilde en un barrio que ha ido evolucionando, y donde no les ha faltado algún problema, incluyendo en el pasado más reciente.

Es de las cosas que nunca me hubiese gustado, pero hemos tenido que marcharnos. La convivencia con determinado tipo de vecinos era imposible y las Fallas de 2015 fueron muy complicadas. Tuvimos que tomar la decisión de o disolver la falla o alejarnos. La consecuencia es que la falla se llama «Daroca-Padre Viñas-San Juan de la Peña y adyacentes» y estamos... en las adyacentes. Nos hemos ido a la calle Calatrava. Tanto la falla como el casal.

Y para despedirse, otra victoria en el mejor momento de la historia de la comisión.

Tres primeros premios en cuatro años de la mano de Carlos Carsí. Además, ha tenido el enorme detalle de seguir plantándonos en 2017.

Otro hito de su persona fue el de la indumentaria.

No quiero decir «fui el primer presidente que iba vestido de torrentí» porque siempre puede haber alguien antes que yo. Pero sí que tengo claro que fui de los primeros. Tanto, que no había año que, en la Ofrenda, no me exigieran identificarme. Y que nos sancionaran por mi culpa quitándonos puntos del concurso de Actividad Fallera. Hubo años en los que ya iba con el carnet de identidad en la boca, adrede.

Tanto, que su negocio de indumentaria tradicional...

Es cien por cien ropa masculina. Cierto.

¿Cuál ha sido la clave para estar 40 años en la presidencia?

Trabajar las cosas con los demás y ser dialogante. Una de las cosas que le he dicho a mi sucesor es que nunca se puede decir 'se hace así porque soy el presidente'. Hay cosas que me han echado atrás en la falla y no pasa nada. Y la prueba es que, en 40 años, sólo hubo uno en el que hubo votación.

¿Piensa quedarse en casa? Ya se habla de usted para la JCF.

Llega un momento en que te das cuenta que hay vida más allá de las fallas... pero seguro que seguiré estando en algunas cosas. Es difícil desengancharse.

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