07 de septiembre de 2016
07.09.2016
Candidatas a la corte de honor · Fallas 2017 

Natalia Espinosa SebastiánFalla Padre Doménech-Pío XII

20 años. Lo que escuchaba desde fuera ahora lo sentirá dentro: vive al lado de la Fonteta

07.09.2016 | 23:36
Natalia Espinosa SebastiánFalla Padre Doménech-Pío XII

Natalia Espinosa no tiene más que asomarse al balcón una noche de sábado recién terminado el verano para captar murmullos y gritos e imaginar emociones. Vive al lado mismo del pabellón de la Fuente de San Luis y ya ha vivido numerosas veces el ambiente de la elección final. La llegada nerviosa, la música, los gritos y hasta la salida con decepción. «Sí, claro que se oye todo». Este año cambiarán sensiblemente las cosas porque ella estará dentro y como participante.

Pero su falla está al otro lado de la ciudad. «Mis tíos eran de Padre Domenech cuando empezaron a salir y fueron ellos quienes me apuntaron cuando yo tenía dos años. Desde entonces estoy allí». Siempre ha sido fallera, pero no siempre vecina de Valencia. «Hemos vivido en Madrid y en Murcia» y no duda en reconocer que su infancia ha pasado con dosis de ansiedad. «Estuvimos viviendo fuera porque mi padre era militar de la Brigada Paracaidista». Y mucho más: «estuvo destinado en Afganistán. Sólo puedo decir que se sufre mucho». Quizá por ello no heredará la vocación. «La verdad es que no es algo que me llame especialmente». De hecho, Natalia inicia este año el segundo curso en Relaciones Laborales y Recursos humanos. «Me gustaba el derecho, pero finalmente me decanté por esta carrera, que también tiene mucho de derecho del trabajo. Ya veremos qué me depara el futuro».

Ese trasiego de domicilios le impidió ser fallera mayor infantil. El cargo adulto sí que lo disfrutó. «Queríamos ser mi prima y yo. Lo propusimos, en la falla se accedió y fue un año fantástico». Aún recuerda el salto que dio cuando cuando se escuchó el nombre de Marta Reglero como reina de la ciudad, ya va para diez años atrás. Ella era una niña por entonces y vivía en tierras murcianas. Todavía tenía que regresar para hacerse con las riendas de la delegación de infantiles de la comisión.

Volviendo a la Fonteta, «si se oye la elección de la corte, no te digo los partidos de baloncesto. Y lo difícil que es aparcar». Quizá por eso no le llamó el deporte de la canasta, sino el voleibol, que jugó en el colegio de allí mismo.

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