14 de marzo de 2017
14.03.2017

Las churrerías aparcan su 'agosto'

El mal tiempo se ceba con los puestos de churros y chocolate a los que las fuertes lluvias y el frío restaron clientes

14.03.2017 | 04:15
Las churrerías aparcan su 'agosto'

Consecuencias del viento y las lluvias los trabajadores que se instalan, como cada año, en las calles de València para vender los populares churros y buñuelos sufrieron ayer el temporal y la bajada de temperaturas. Las zonas turísticas del centro se vaciaron por la mañana, y aunque la gente salió cuando dejó de llover, las ventas de este lunes cayeron notablemente.

Ni buñuelos, ni churros, ni chocolate caliente. Cuando hace mal tiempo los puestos se vacían. La lluvia y el viento fueron protagonistas ayer València y se hicieron notar también en la venta de los dulces que tanto gustan en estas fechas. Varios empleados optaron por cerrar por la mañana y abrir por la tarde: «

Sin embargo, alrededor de las cinco de la tarde dejó de llover y las ventas mejoraron mínimamente: «La tarde ha ido bien, no nos podemos quejar» contaban ayer a Levante-emv unas churreras instaladas en la calle Ciril Amorós. Ayer los puestos no facturaron mucho y el mal tiempo se hizo notar en las ventas: «Se nota, se nota, hoy solo hemos hecho 80 euros de caja», admitía ayer un trabajador en el barrio de Ruzafa. «Si la mitad de las ventas suele ser 300 euros por la mañana hoy no hemos llegado ni a los 100», añadían en un puesto cerca de la Estació del Nord. Unos churreros de Convento Jerusalén nos explicaban su jornada: «hoy la falla está paralizada. No hay ambiente. A parte de que es lunes, la lluvia y el viento se notan, la gente no compra. Estamos contentos pero con poca faena».

En algunos puestos han tenido que poner medidas para que el agua no entrara dentro de la carpa, ya que con las fuertes lluvias se han creado pequeñas goteras que dificultaban el trabajo y las frituras. «No solo son las ventas, la lluvia también nos perjudica a la hora de hacer los churros, el aceite es de lo peor porque en cuanto cae una gotita, salpica, y claro, está hirviendo», confesaba ayer una churrera artesana. A pesar de las adversidades, los churreros son optimistas. Como dice el refrán, «al mal tiempo buena cara» y esa es la actitud que han adoptado los trabajadores, que esperan que llegue el miércoles y están convencidos de que parará de llover. Saben que a partir de ese día, las ventas están casi aseguradas.

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