25 de julio de 2017
25.07.2017
Natalia Valls Garcés | Falla Daroca-Padre Viñas (Rascanya)

Salir elegida de la corte sería una cosa que se celebraría en Cosa

19.09.2017 | 11:24
Salir elegida de la corte sería una cosa que se celebraría en Cosa

El reinado de Natalia Valls en Daroca-Padre Viñas llegó pese a que se preocupaba por su situación laboral. Esa búsqueda de estabilidad que tanto preocupa a las jóvenes que entran en el mercado. Pero «me presentaron mis padres y ellos y mi novio me dieron la sorpresa en la verbena de San Juan». El premio merecido a quien no ha dudado en pelear por encontrar un sitio que parece haber encontrado. «Soy licenciada en Económicas y había estado trabajando en varios sitios por periodos cortos. Es difícil encontrar trabajo y estuve de becaria, supliendo bajas... lo que salía. Pero ahora llevo año y medio en el departamento de marketing de producto en una empresa del automóvil». No hay problema en que diga la marca, por supuesto. «Norauto. Estoy en la oficina centra de Burjassot en la gestión de productos».

Es fallera desde que nació «pero primero fui de Oltá-Juan Ramón. Entré por mi familia materna». Pero el colegio estaba en Orriols, de donde es su padre. «En el Colegio Marni y acabé pasándome allí». Una comisión que ha tenido que cambiar de emplazamiento «tanto la falla como el casal, pero nos ha ido muy bien. Hemos salido ganando. Hay más gente y más movimiento». Y en el caso de Natalia, con un añadido: es campeona. «Ganamos el primer premio y lo celebramos a lo grande. Yo me alegré mucho por el presidente, Vicente Piedrabuena, que era su primer año». Era el año en el que la comisión asimilaba la salida de la presidencia de Pablo Arribas tras 40 años en el cargo. ¿Recuerdan que la falla tenía un ninot-retrato suyo? «Pues no, no lo quemamos. Se lo regalamos». Si saliera elegida, Daroca-Padre Viñas recuperaría las sensaciones cortesanas que hace más de una generación que no viven: cuando empezó el proceso completamente «democrático» empezaron con buen pie: Inés en 1980, Filomena en 1981... y desde entonces esperando.

La experiencia dice que València es tierra de acogida y que, subiendo una o dos generaciones los ancestros de las falleras, se suelen encontrar poblaciones de otras latitudes. Es probable que el premio a la villa más pequeña vaya a parar a la del padre de Natalia: «Cosa, en la provincia de Teruel». Según el Instituto Nacional de Estadística, 55 habitantes.

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