18 de marzo de 2018
18.03.2018

Fallas 2018: Fallas que marcan la diferencia

Las experimentales se abren paso entre la crítica y suman cada vez más adeptos, que ven en ellas «la verdadera esencia»

27.04.2018 | 18:50

Son fallas gigantescas. Pero no en proporciones, y mucho menos en presupuesto. Llevan por bandera la carga social y su lema es «libertad, igualdad y solidaridad». Son fallas experimentales. Comisiones sometidas año tras año al debate de los que apuestan por la tradición, por grandes monumentos que se atrevan casi a rozar el cielo y exhiban grotescas figuras. «Hay vida más allá de eso», han gritado con sus obras.

Son los falleros de Borrull-Socors, la de Castielfabib-Marqués de Sant Joan o la de Ripalda Beneficència-Sant Ramon, que el viernes subían al podio de la sección Experimental. Comisiones que se vuelcan en sus proyectos, en ser ácidos y cultivar la crítica. Una sátira que huye de señalar con el dedo un solo personaje y exclama «la llegada del circo» donde una acróbata sube a lo más alto, no sin una «amplia sonrisa» mientras olvida sus tribulaciones y asperezas para «hacer posible lo imposible», con un pequeño circulo de gente que hace las veces de red. La «libertad», o no, de saltar sobre un colchón de personas que a días animan y a días reprueban. «Sonríe y actua», la obra que Anna Ruiz Sospedra diseñó para la falla Lepanto-Guillém de Castro y que consiguió el viernes un quinto puesto.

La de Borrull-Socors, sin embargo, no contó con un artista que diseñase y ejecutase su monumento y, a pesar de ello, consiguió el oro. Los mismos falleros se volcaron con un proyecto que critica el arte y a los mismos que opinan sobre él, «que al final somos todos», explica Pepa Gómez, periodista de Levante TV y presidenta de la comisión. Un bucle de juicios y sentencias presentados con el nombre de «Asentart», un juego de palabras de (asient)o, (sent)imiento y (art)e.

A pesar de todo, la estructura, formada con más de 300 sillas recicladas durante todo un año al más puro estilo Cant de l'Estoreta, ha sido recibida y ovacionada por los vecinos como una de las fallas «más tradicionales» que visitaron este año.

Dentro de la cúpula central, cuatro sillas representan los distintos modos de vivir: una mecedora que representa la vida contemplativa, el sillón que vanagloria, una silla de ruedas motorizada y, finalmente, una creada con patas de varios asientos. Una obra ya asentada en las vidas de la comisión.

La de Castielfabib prefirió «fer i desfer». Cada día, los artistas Nituniyo y Menosesmas se acercan a la comisión para mover los tubos de cartón que conforman la estructura rectangular y crear nuevas representaciones. Ayer, una suela de «Gegant» cubría la plaza de la falla. La presencia humana o su ausencia, el camino o la huida, una huella de «un animal que debería estar extinto»: el «patriarcado violento y guerrero». Explican que la huella, es la de un calzado masculino, un pie izquierdo con el que se inician las marchas militares, una suela gigante que pisotea al pequeño.

Y entre tamaños, «Imago-Typhonis», la representación del artista Giovanni Nardin para la comisión Ripalda-Beneficència-Sant Ramon, confronta escalas. Y donde se preguntan: «¿Qué altura tiene la mirada del ser humano?», aún con megáfonos y altavoces otorgados, «¿seríamos capaces de gritar nuestra opinión» sin miedo a las represalias? «¿Cuántas actitudes libres caen bajo la presión de unas opiniones de la mayoría?».

Sin embargo, «todos necesitamos de la persona que tenemos al lado», reza la obra de la comisión Villanueva de Castellón-Horticultor Catalán. «Diversitat» 2.0 es el título de la obra que reivindica, más allá de las diferencias físicas, culturales o raciales, el corazón como nexo de unión, un elemento común a todos que «cesaría el enfrentamiento entre iguales».

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