18 de marzo de 2018
18.03.2018

Ofrenda 2018: La devoción no entiende de retrasos

La gran cantidad de gente en las calles alarga más de lo esperado la primera parte del festejo más espectacular de la semana fallera

18.03.2018 | 02:18

Ofrenda de flores y fin de semana es una combinación bastante complicada. Porque, a parte del incontestable componente afectivo que tiene este acto, es también una cuestión de orden para la ciudad. A lo largo de los últimos años, los falleros habían cumplido de forma admirable los horarios, incluyendo los diabólicos fines de semana. Pero la jornada de ayer transcurrió a partes iguales entre preocupación y prisas por recuperar el tiempo perdido. A la hora de participar en el acto, a los falleros tampoco les importa mucho: es uno de los grandes días del año y las emociones que se viven, sobre todo a la entrada de la plaza, son reales. Y aguantar un poco más de plantón forma parte del guión. Pero los miembros de la Junta Central Fallera sufren y con razón. El de ayer era un día de multitudes en las calles y, quiérase o no, esto retrasa el cortejo. Por ello, al cierre de esta edición, aún no había desfilado la fallera mayor infantil, Daniela Gómez de los Ángeles, ni su corte de honor, lastrado el cortejo por casi una hora de demora.

Pero las cosas son así y ni para los participantes ni para el público parece ser demasiado problema. Los hay que comentaban la necesidad de, si esto se repite, ir pensando en algún cambio. Por ejemplo, recuperar el antiguo trazado, eliminar la calle San Vicente y pasar por delante del Ayuntamiento, que también luce muchísimo, es más ancho y se evitan los cuellos de botella. Todo ello, a pesar de que la pasarela de María Cristina hizo su papel y vino más que bien para que el resto de la ciudadanía pudiera transitar.

Y mientras esto sucedía, en la plaza se iba rellenando el manto de la Virgen. Sorpresa: la trasera de este año recrea el espolín «fallera mayor de València», en un evidente homenaje a la figura que remata este festejo y la que, en definitiva, lo protagoniza de principio a fin en cada comisión. El fondo del manto era de color rojo, y aunque engloba a cualquier fallera, Raquel Alario debía estar encantada puesto que ese fue el color que lució el año pasado con ese dibujo. Difícil habría sido homenajear a la reina vigente, Rocío Gil, porque llenar de claveles marrones el cadafal habría sido bastante complicado.

Hay veces que se pude perder la cabeza y los ha habido que han pensado que los claveles amarillos solicitados también a las comisiones, tenían trasfondo político. Asombroso, pero cierto. Ni que decir tiene que esas flores eran para formar parte, precisamente, del dibujo floral más importante de este año y no era precisamente ningún lazo.

Pero las cosas, a veces, son así y como todo el mundo sabe, también se pretendía abolir el pasodoble «València». Sí, sí, eliminar la pieza de Padilla por quién sabe qué expúreas razones. Pues tuvo que explicarlo hasta la saciedad el vicepresidente de festejos, Josep García Bosch, que no era más que una sugerencia para cambiar el repertorio a los miles de visitantes que van rotando como público en la plaza. Finalmente, las comisiones, o mejor dicho, las bandas de música, interpretaron mayoritariamente esta pieza pero también hubo interesantes aportaciones de otros pasodobles. Porque lo que importa es pasar, y pasar bien, un acto cargado de emociones.

Y afortunadamente al festejo le respetó la lluvia. A pesar de los malos augurios a la hora de la mascletà y del peligro que supone el agua para los trajes, a la hora de empezar el festejo y durante todo el mismo, hubo una fantástica tregua que permitió desarrollarlo con todo su esplendor. Falta rematarlo en el apoteosis de hoy.

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