24 de abril de 2018
24.04.2018

Historia

La gran mentira de la "dansà" de las falleras

La presencia de la fallera mayor de València y su corte de honor en el acto de la Virgen no fue para realzar el acto, sino que tuvo una motivación mucho más banal

24.04.2018 | 18:07
Dansà de 1990 con María José Oliver, la segunda vez que una fallera mayor y corte participaban en el acto.

La participación de la fallera mayor de València y la corte de honor en la "dansà a la Verge" ha suscitado una de las más agrias polémicas de la presente legislatura a raíz de un comunicado realizado por la Interagrupación de Fallas y la posterior reacción, durante la comida de fin de ejercicio, del concejal de Cultura Festiva, Pere Fuset.

En concreto, la Inter lanzó un órdago a la fallera mayor, Rocío Gil, después de que el ayuntamiento y la Federación de Folclore, organizadoras del acto, decidieran que las falleras bailaran en la recién creada dansà de las comisiones de falla (el viernes), y que sólo Rocío lo hiciera, como invitada, en la de los grupos federados (el sábado). El desafortunado comentario, por el que se le han pedido disculpas, aunque no en público más de 48 horas después de producirse, tuvo como consecuencia una no menos desafortunada reacción del edil Pere Fuset contra los presidentes de Agrupación.

La crítica se ha sustentado en que la incorporación de las falleras al baile se hizo, en su momento, para atraer más gente a este acto y que ahora se prescinde de ellas en el que tiene lugar el sábado previo al día grande.

"Queremos recordar retrocediendo a un tiempo no demasiado lejano, que se pidió encarecidamente a las Comisiones, a nuestras Falleras Mayores de Valéncia y a sus Cortes de Honor que tomaran parte del evento para engrandecerlo y que ganara en vistosidad, espectacularidad y afluencia de público".

Las historias se sustentan en mitos, en verdades a medias, en realidades contundentes o, simplemente, en mentiras o  grandes equívocos históricos. Y alguien, en el comunicado de la Interagrupación, (y también en la Federación de Folclore), ha retrocedido en el tiempo a una realidad que no es del todo cierta. O nada cierta.

Las falleras no se incorporaron a la "dansà" para engrandecer o enaltecer el acto. Se incorporaron para evitar males mayores, para evitar las críticas por lo que, en aquella época tan cargada de simbolismos, podía provocar otra actividad que a la que se invitaba a las jóvenes.

Las falleras bailaron la "dansà"... por bailar sevillanas.

Hay que remontarse a la segunda mitad de los años ochenta. En aquella época, la discoteca Woody, cuyo relaciones públicas y gerente era Julio Tormo, organizaba una Feria de Abril. Era un tiempo del "boom" de los bailes andaluces e incluso se ofrecían clases de baile para poder participar en el "sarao" del emblemático establecimiento.

En aquel momento, la relación entre Julio Tormo y la Junta Central Fallera que presidía Enrique Real era muy fluida. Real había reincorporado a Tormo al mundo de la fiesta tras haber sido éste inhabilitado a perpetuidad por estar detrás de la falla King-Kong, viendo en él una persona con inventiva. Woody, recientemente desaparecida, era un escenario perfecto para la celebración de determinados eventos, como el recién nacido concurso de "play-back" y dentro de la cada vez mayor incorporación de las falleras mayores a la vida social de la ciudad (se llevaban menos de diez nombramientos "democráticos") se decidió que participaran en esa particular feria de Abril.

Las hemerotecas lo recuerdan; por ejemplo, en 1987:

"Tenemos verdadera ansiedad de ver a nuestra fallera mayor, Mari Carmen Mollá, con traje de faroles marcarse unas sevillanas".

"La Casa de Andalucía en València, representada por su reina, se hermanaba con nuestra Junta Central Fallera con la bella figura de nuestra fallera mayor, que había cambiado su peineta por el tocado típico andaluz y la bata de cola".

Era el baile de moda y uno de los eventos de moda. Y Josechu Rey de Arteaga, por entonces secretario general de la Junta Central Fallera, reparó en el conflicto que se estaba creando porque las falleras estaban convirtiéndose en expertas en un baile folclórico ajeno, mientras las danzas valencianas seguían siendo un espectáculo minoritario.

Por entonces, además, ya se había producido alguna interpelación al respecto en la asamblea de presidentes. Algo que también vino que ni pintado a los grupos participantes para reivindicar que las falleras acudieran al acto, el cual, por cierto, tenía un carácter mucho menos multitudinario e incluso oficial de lo que ha acabado por ser.

En 1989 llegó la solución. En esa corte de honor estaba una joven, María Simarro Lucas, que sabía bailar. Su hermano Rafael pertenecía a la Junta Central Fallera y también era experto en folclore tradicional. Josechu les encomendó que impartieran clases a la fallera mayor, Covadonga Balaguer, y su corte.

Asi, las trece falleras tuvieron su fiesta sevillana y, en la víspera de la virgen, casi partiendo de cero (además de María Simarro, sabía bailar bien otra fallera, María José Mollá, y alguna tenía nociones básicas) fueron las primeras en bailar en un acto que, con el paso del tiempo, iría creciendo exponencialmente. A partir de ese año, y durante bastantes más, Rafael Simarro fue el profesor de la trece falleras. Casales como los del Barrio de San José, Merced o Reino de València-Maestro Serrano acogían los ensayos, por entonces sin ninguna repercusión mediática, mientras que ahora hay que organizar un pase público para las cámaras.

Y ahí sí, la presencia de las falleras fue creando una expectación añadida al evento, creciendo en cada edición. Aunque el verdadero "reventón" del acto, y de la propia moda de los "balls", ha llegado en los últimos años. El baile de las falleras, naturalmente por debajo técnicamente de grupos que bailan habitualmente, pero saliendo del paso a base de horas de ensayo, ha contribuido sin duda a ese crecimiento. Pero si esa fuera la única causa, la eclosión no habría llegado especialmente en la última década, sino que en los años noventa y en la primera década del Siglo XXI ya estaría en plena moda no ya en este acto, sino como actividad generalizada. Prueba de ese crecimiento reciente es la "dansà" del Altar del Mocadoret que, surtiéndose en gran medida de grupos de baile de Fallas, ha ampliado de forma espectacular su recorrido y participación en los últimos años.

Lo cierto es que, hubiesen bailado cuando hubiesen bailado, si la Interagrupación tenía ganas de gresca (su presidente, Jesús Hernández Motes anunciaba durante la gala de los premios de Onda Cero a todo aquel que le quería oir que tenía preparado un año sin respiro al concejal) podía coger cualquier tesis: si bailaban el sábado, mal: la fallera mayor y la corte daban la espalda a sus falleros; si bailaban el viernes, como así ocurre, mal: se las "expulsa" del día principal. Finalmente, optaron por pasar la pelota a Rocío Gil quien, tras una semana muy complicada en lo "profesional" de fallera mayor y en lo personal, acabó por derrumbarse, lo que provocó la reacción descontrolada del edil Pere Fuset y toda la sinrazón posterior.

La polémica ha llegado a niveles de megalomanía, oyéndose voces que reclaman que los grupos falleros bailen el sábado previo y no los grupos federados (que están en el origen del acto, creado en 1975). Para entendernos, como si desde fuera de las Fallas se exigiera que en la Ofrenda participaran altares, parroquias, sociedad civil y devotos varios y las comisiones se buscaran otra fecha para desfilar porque, parafraseando la tesis, la Ofrenda, como la Dansà, "es de todos". Como la Virgen.

Lo que nadie duda es que, por la capacidad de convocatoria que tienen, las comisiones conseguirán un éxito masivo de participación en viernes en la segunda edición de su "dansà". Y que cientos de falleros disfrutarán de una oportunidad nueva, como la tienen los niños desde que el edil Francisco Lledó promovió la dansà infantil. Aunque las fallas disponen desde hace décadas, de los "balls al carrer" los domingos a mediodía, la posibilidad de bailar en las vísperas del día de la patrona es una oportunidad aún mas especial de la que hasta ahora disponían muy pocas comisiones. En los años 2015 y 2016 sólo participaron nueve parejas falleras. Ahora estarán cerca de las doscientas.

Aunque el origen estuvo en unas batas de cola y unas sevillanas. Curiosamente, ahora, las falleras no bailan sevillanas de forma oficial, pero no hay casal que no organice una "Feria de Abril". Y muchas de ellas, afortunadamente, también tienen grupo de bailes valencianos.

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