Desde hace tiempo, la Junta Central Fallera se mueve en la parquedad económica. Y lo curioso del caso es que al máximo organismo fallero no se le ha recortado la asignación municipal en época de estrecheces.
Una gestión eficiente supone explotar los recursos al máximo y saber combinar la inversión con la austeridad. Y más en estos tiempos. Eso no se soluciona dejando de pagar unos galones de queroseno a los acompañantes de la corte (aunque éstos luego se ponen en un plan que por mi, como si pagan por ir).
Más me preocupan músicas como la escuchada el pasado miércoles. Y cito textualmente. "Es verdad que la Junta Central Fallera tiene registrada la palabra "ninots", pero nos la han cedido sin compromiso porque la película es una promoción para la fiesta" vino a decir el productor del largometraje de animación del mismo nombre que se está fraguando. Una película que ya de por sí, va subvencionada por las instituciones y cuyo objetivo final es el de cualquier actividad comercial: que unos señores ganen la mayor cantidad de dinero posible.
Está claro que Ninots no es un proyecto de James Cameron y dudo que recaude 12 millones de dólares en su primer fin de semana. Pero, viendo el avance que exhibieron, tampoco tiene mala pinta. Ni la animación ni el guión. O sea, que puede dar un resultado satisfactorio. ¿Qué beneficio sacará el mundo de las fallas de esto?. Me lo estoy imaginando: un visionado gratuito para las falleras mayores infantiles de las comisiones o alguna fruslería similar.
No sé para que sirvió, entonces, que la JCF que dirigían Santiago Cerviño y José Manuel Izquierdo se preocuparan por registrar el léxico fallero.
No digo que haya que pedir un impuesto al señor que utiliza la imagen de las fallas para editar un planito de la ciudad. Ni niego que la película puede ser una interesante y gratuita promoción de la fiesta. Pero un proyecto que presupuesta cinco millones en su producción (dos veces el de JCF) supone un movimiento económico importante. Y digo yo que con una mínima migaja de ese pastel no haría falta, por ejemplo, mandar a comer a casa a las falleras si tienen un par de horitas entre acto y acto. O se podría pagar a la SGAE, que esos sí que entienden de derechos y no perdonan uno a las fallas.
Si no se trata de una cesión gratuita impuesta desde arriba, me da que la gestión de este tema no ha sido del todo afortunada.
Y decía lo de Cameron porque hasta los restos del Titanic tienen derechos.