MOISÉS DOMÍNGUEZ VALENCIA
Si las cuentas de la fiesta fallera marchan apretadas, las de la sección especial amenazan con un drama. Esa es, por lo menos, la sensación que se desprende del estado de ánimo de los responsables de las mismas. La pasada semana tuvo lugar una reunión de la Federación para hacer balance de la fiesta de presentación de los bocetos y maquetas y, más allá del éxito de convocatoria de la misma, la atención se derivó inmediatamente hacia las malas perspectivas que, en general, tiene el colectivo.
Mucho antes de que se quemaran las fallas de 2009 se sabía que el siguiente ejercicio sería duro. Pero las cuentas no les sale a casi ninguna comisión. Algunas ya han tenido que recurrir a derramas para enjugar la deuda del ejercicio vencido, pero las perspectivas para el presente aún son peores.
No es de extrañar que sus protagonistas estén, a la vez, nerviosos, irascibles y, sobre todo, hondamente preocupados.
¿Qué ha podido pasar para ello?. Porque en la máxima categoría, como en buena parte de las comisiones, una regla que se ha cumplido normalmente es la del buen gobierno. La explicación hay que buscarla en el desplome de los recursos. La especial había aprovechado hasta ahora la bonanza para tener un buen escaparate para las empresas privadas, que habían entrado con generosidad. Las cosas han cambiado hasta el punto, tal como decía uno de los presidentes de la Federación, que "cuando hacíamos la presentación de maquetas en el río, nada más acabar nos inundaban de llamadas las empresas que querían renovar el compromiso o entrar nuevas. Ahora hemos tenido que pagar hasta la comida del copetín".
"¿A cuantos sectores se ayuda?"
Los presidentes no quieren, de momento, hablar como postura general, pero basta "pinchar" a cualquiera de ellos para que te cuente una calamidad diferente. "El problema no es de mala gestión. Este año ya sabíamos todos que tocaría apretarse el cinturón. Pero cuando, una vez hemos tenido la seguridad de un patrocinio, éste se nos ha caído, es cuando llega el problema: estamos por debajo de las perspectivas de un ejercicio que ya de por sí iba a ser complicado y restrictivo". Conforme han pasado los meses, hemos encontrado más puertas cerradas. Ahora mismo somos una industria en crisis".
Hasta no hace tanto tiempo, los falleros de la sección especial se veían tranquilos y confiados. Posiblemente, se lo habían llegado a creer demasiado. Ahora, esa crisis parece haberles hecho retornar muchos años atrás en el tiempo. Y no son pocas las que han tenido graves conflictos internos.
Ante esta situación, nueva para ellos, empieza a plantearse pasar a la acción. O, lo que es lo mismo, pedir ayuda. Ser tratados como una industria en crisis. "¿A cuantos sectores se ha ayudado en los últimos dos años?. A las fallas, y concretamente a nosotros, absolutamente nada. Lo único que hemos recibido son restricciones". Dicho de otra forma, un plan Prever o un 2000E para salir de una situación actual que lleva a lo más parecido a un concurso de acreedores.
¿Qué puede pasar?. "Antes podíamos conseguir 240.000 euros y hacíamos todo lo que hacíamos. Ahora no hay dinero. ¿Quieren todos que hagamos fallas como las de hace treinta años?. ¿De verdad puede permitirse la ciudad unas fallas que son la mitad de grandes que las de ahora?. Nuestras comisiones han sacrificado tradicionalmente su labor social en beneficio de tener grandes fallas, y de eso se ha beneficiado la ciudad".
La ayuda municipal es la subvención del 25 por ciento y diferentes servicios, pero se quiere más. "¿Qué más les da concedernos una churrería más. O tener facilidades para fomentar la Feria de la Tapa?". Quejas que se extienden al gobierno autonómico, a la hostelería y a tantos sectores que reciben sin revertir.