Legitimidad, sí. Representatividad, en duda. Elena Salgado, vicepresidenta del Gobierno, dixit. ¿Y buen empresario? La crisis está poniendo contra las cuerdas al presidente de la patronal española CEOE, Gerardo Díaz Ferran. Suena a chiste fácil, porque es un gran patrono del sector turístico, pero la imagen que proyecta desde hace meses es la de quien vuela en picado.
El último capítulo de la cada vez más azarosa trayectoria de este empresario madrileño (1942), propietario, junto a uno de los vicepresidentes de la CEOE, Gonzalo Pascual, del Grupo Marsans, ha sido la intervención por parte del Gobierno de una de las filiales de este holding, Seguros Mercurio, que será liquidada por el Consorcio de Compensación al detectar una "grave situación patrimonial".
Seguramente a Díaz Ferran en ningún momento se le pasó por la cabeza que acabaría viviendo este vía crucis cuando el 1 de julio de 2007, en una meteórica carrera -sólo cinco años antes había ascendido a la cúpula de la patronal madrileña CEIM-, fue designado por José María Cuevas para sucederle al frente de la patronal española. El presidente de la CEOE, sin embargo, atesoraba una dilatada trayectoria desde que a los doce años empezó a trabajar cobrando billetes en los autobuses de la empresa familiar.
Licenciado en ingeniería técnica industrial, su carrera empresarial se inició en 1967, cuando fundó junto a Pascual la empresa de transportes Trapsa, germen de los variados negocios que ambos regentaron en años venideros. Los grandes hitos en esta trayectoria fueron el ascenso de ambos al ahora centenario Grupo Marsans, uno de los abanderados del sector turístico español, o sus aventuras en el mundo de las líneas aéreas, que al final les han bajado del cielo a la tierra. Es la dura realidad de esta crisis, que también ha provocado graves problemas de liquidez en Viajes Marsans, hasta el punto de estar en proceso de venta.
Díaz Ferran y Pascual fundaron en los ochenta Spanair, que más tarde vendieron a la escandinava SAS y que ahora, tras numerosas dificultades, está en manos de un grupo de empresarios catalanes.
Pero los mayores quebraderos de cabeza los han tenido con Air Comet y Aerolíneas Argentinas. La primera, constituida tras el rescate de Air Madrid, que cerró en 2006, no superó los problemas financieros y terminó su travesía en diciembre de 2009, tres días después de que el presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, acusara al jefe de la CEOE de burlarse de la entidad, de la que era consejero, por el impago de un crédito de 26,5 millones por parte de Marsans.
El desenlace en la argentina es más proceloso. El Gobierno de aquel país expropió la compañía en 2008 y en España la justicia investiga una querella contra Díaz Ferran y Pascual por presuntos delitos de fraude fiscal y apropiación indebida de fondos públicos por 209 millones en el pago de las deudas de la firma.¿Qué dirá hoy la junta directiva de la CEOE ante este panorama y con el crucial diálogo social sin cerrar?
Salgado duda de su representatividad
La vicepresidenta segunda y ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, afirmó ayer que Gerardo Díaz Ferran sigue teniendo legitimidad para dirigir la patronal CEOE pese a que el Gobierno haya tenido que disolver su empresa Seguros Mercurio por insolvente, pero admitió que no sabe si es "representativo" de los empresarios españoles. "Sí, por supuesto", dijo Salgado al ser preguntada por si Díaz Ferran mantiene su legitimidad para estar al frente de la CEOE. "El señor Díaz Ferran está elegido por los empresarios, y mientras sea el representante de los empresarios nosotros le reconocemos como tal", agregó. Cuando se le interrogó por si considera que el presidente de la patronal es representativo de los empresarios teniendo en cuenta que se trata de su segunda empresa que quiebra tras la caída de Air Comet, la vicepresidenta se limitó a señalar: "Representativo no lo sé, es quien han elegido los empresarios". Por su parte, la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, afirmó ayer que la elección del presidente de la patronal es una decisión de los empresarios, y prefirió no opinar sobre la presidencia de la CEOE de igual forma que, añadió, no sería lógico que lo hiciera sobre las secretarías generales de los sindicatos CC OO o UGT.