Sesenta y siete chicos —escribo bien— sesenta y siete, pisan cada tarde el albero de la Plaza de Toros de Valencia con la ilusión de ser algún día Ponce, José Tomás o Barrera. Son los alumnos de la Escuela de Tauromaquia de la ciudad, una cantera fresca e inagotable ajena a la crisis económica y a los vaivenes de la fiesta nacional. Viéndoles y escuchándoles es difícil pensar que los toros pasen por uno de los peores momentos de su historia. Más bien podría concluirse que tienen mucho futuro.
El primero que lo ve así es Manolo Carrión, matador de toros y director gerente de la escuela. Sentado en el estribo de la plaza se siete orgulloso de haber elevado el número de alumnos de los «treinta y tantos» que había hace un par de años a los 67 que tienen en estos momentos.
La primera causa ha sido un cambio en el reglamento interno para que los chicos puedan estar hasta los 23 años en la escuela y no hasta los 19 como antes. «Vimos que había que dar respuesta a muchos jóvenes que descubren su vocación cerca de los 19 y que tenían que salir prematuramente», comenta. Además, los ejemplos de Barrera, Alejandro Esplá o Cayetano Rivera lo confirman.
Pero lo más importante es que la afición crece por todas las escuelas de España. «Yo no creo que este auge sea por la necesidad económica. Esto se hace por una afición que luego se torna en vocación. El tema económico no es un factor que decida la vocación», afirma Carrion. De hecho, frases del tipo «a mi me ha gustado desde siempre» o «es la ilusión de mi vida» son algunas de las más repetidas por los chicos cuando, muleta en mano, tienen que pronunciarse sobre el tema.
Curiosamente, en lo que sí está ayudando mucho la crisis, aunque sea de carambola, es en el número de festejos que disfrutan los chavales (sólo hay una chica, Cristina, que el día de la entrevista no acudió al coso de la calle Xàtiva). Ahora los Ayuntamientos o las empresas no pueden costear una corrida o una novillada con picadores y organizan festejos sin picadores a los que pueden acudir estos aspirantes a maestros. Carrión calcula que en lo que va de año han caído al menos 200 festejos mayores que para ellos se han traducido en oportunidades.
Román Collado, por ejemplo, toreó el domingo en Córdoba y el jueves estará en Alicante. Se siente fuerte por ello, dice. Jesús Chover acaba de llegar de California y prepara su debú con picadores. Dos tardes de éxito antes de dar el salto a profesionales. Roberto Beltrán prepara para este verano su primera faena sin muerte. Está esperanzado. Y hasta Mario Balongo, que acaba de llegar a la escuela con 9 años, saca pecho cuando recuerda los estatuarios que le hizo a una becerra el pasado 5 de junio en el Devesa Garden.
ATAQUE A LO ESPAÑOL
En estas condiciones, nadie teme tampoco a la otra crisis, la de la fiesta, la institucional. Para Manolo Carrión, la polémica se centra en autonomías muy concretas donde no se ataca a los toros, sino a lo español. «En Cataluña cualquier símbolo relacionado con España es rechazado y la fiesta de los toros lo es», dice este experimentado matador de toros, que recuerda que en las Ramblas ya dejaron de vender las muñecas flamencas por este mismo motivo. «Aquí sólo hay interés político, pero no argumentos de peso, así que no creo que esto vaya más allá», opina.
A modo de resumen, uno de los profesores de la escuela, el matador de toros José Copete «Copetillo», dictó su veredicto sobre la fiesta y sobre su futuro más cercano. «No es un mal momento. Es verdad que hay crisis, pero la gente responde bien. Hay una buena cantera, no sólo aquí, también en España. No hay problema», sentencia.
EL FUTURO DE LA PROFESIÓN
JESÚS CHÓVER
«Mis padres me apoyan a tope y nada me puede quitar la ilusión»
Jesus Chover, valenciano, es uno de los alumnos aventajados de la escuela. Acaba de llegar de California de torear dos tardes y el 20 de julio debutará con picadores en Valencia. Aunque en su casa no había afición a los toros, tenía un primo muy metido en los «bous al carrer» que le despertó el gusanillo. Ahora, a pocos días de dar el salto a profesionales, no hay nada que pueda quitarle la ilusión. Es su momento.
ROMÁN COLLADO
«Mi tío me llevó a una novillada y decidí apuntarme a la escuela»
A su 17 años, Román, que es su nombre de cartel, recorre sin cesar las plazas de España dando novilladas. Sus padres lo apoyan en lo que hace con la única condición de que estudie. Pero fue su tío el que lo introdujo en la fiesta llevándolo a ver una novillada a la plaza de Valencia. «A mi esto me ha gustado siempre», dice y en este momento, independientemente de lo que se hable de la fiesta, él se siente fuerte para ganar la partida.
ROBERTO BELTRÁN
«Estoy muy contento porque este verano haré un simulacro»
Nació en Faura hace 14 años y está muy contento porque este verano hará un simulacro (exhibición de toreo sin muerte). Precisamente, matar un toro es en este momento su mayor ilusión, lo mismo que le ocurre a su abuelo, que es el que lo lleva a todas partes. Sus padres, más aficionados a los caballos, también le dan ánimos y con ese conjunto de cosas se enfrenta a la profesión. Su ídolo es Enrique Ponce y llegar a su altura es su meta.
MARIO BALONGO
«Los amigos me dicen que me va a pillar un toro, pero no hago caso»
Nacido en Alaquàs, es uno de los más pequeños de la escuela. Ahora en junio cumplirá los diez años, pero ya participa en becerradas y sale triunfador. En la última probó con los naturales y los estatuarios y acertó. También en su caso fue un tío torero y su abuelo los que le inculcaron la afición. Y a los amigos que le dicen que lo va a pillar un toro, no les hace caso. Él no tiene miedo a una profesión que ilusiona a toda la familia.