El viaje de una botella de plástico

Vaersa cuenta con una planta en Picassent donde se clasifican los residuos de Valencia, su área metropolitana y los Serranos

María Bonillo Vidal - Valencia

Cada madrugada, miles de camiones vacían los contenedores amarillos, esos que guardan los envases de plástico y latas a la espera de ser reciclados. Si se trata de residuos de Valencia capital, área metropolitana y zona de los Serranos, seguramente irán a parar a la planta clasificadora de Picassent, explotada por Vaersa, empresa dependiente de la Generalitat.

La planta clasificadora de Picassent permanece abierta 24 horas al día. Los residuos que llegan allí son exclusivamente envases, aunque más de un despistado tira al contenedor amarillo elementos impropios, como sofás, ruedas de coche, persianas... hasta llegar al punto de que el 20% de todo el material que llega allí no se puede clasificar ni reciclar.

Y es que en esta planta se sube el primero de los muchos peldaños que recorre un envase hasta ser totalmente reutilizado de nuevo: clasificación y envío a centros de tratamiento específico. José Tomás, jefe de la planta de Picassent, explicó a Levante-EMV el viaje que realiza un envase hasta convertirse en un producto reciclado, defendiendo el sistema y lanzando un mensaje a la sociedad claro y conciso: reciclar, sirve, y mucho.

En primer lugar, el centro, donde trabajan 58 empleados, recibe el material. En la planta de recuperación de Alzira se clasifican los residuos de la Ribera y el resto de zonas de la provincia de Valencia, mientras que en la de Picassent lo hacen de las zonas indicadas anteriormente: Valencia capital, área metropolitana y Serranos.

En la «playa» de descarga, los camiones contratados por los ayuntamientos de las localidades vacían su contenido. Cada ayuntamiento mantiene un contrato de clasificación con determinadas plantas. Mientras los camiones descargan, de cuatro de la tarde a once de la mañana se pone en marcha todo en engranaje clasificador y separador. Tras la ingente montaña de residuos, se encuentra el muro de contención, y detrás del mismo, la compleja maquinaria, de origen francés, que detecta y divide los materiales en seis grupos: los pet (polietileno tereftalato, envases transparentes), los pead (polietileno de alta densidad o envases de color), los pdbd (polietileno de baja densidad, bolsas de plástico), los mixtos, los bricks y latas.

La mayoría del material recibido se clasifica mediante máquinas, aunque la presencia humana todavía no se ha extinguido del todo, ya que una primera separación entre residuos que son envases aprovechables para el reciclaje y los que no lo son se hace a mano por dos operarios.

El viaje continua por el «tromel», una rueda que realiza una criba primaria de los envases. A continuación el «abre bolsas» se encarga precisamente de eso, de abrir las bolsas de plástico que la gente echa al contenedor atadas para desvelar su contenido: si es plástico, irá a la siguiente fase; si no lo es, irá al rechazo. En el particular laberinto de escaleras metálicas altas, José Tomás continúa su explicación de la particular «falla» de envases. «También nos llega chatarra y cable de cobre», aunque sostiene que nunca han tenido problemas de robos porque el centro tiene vigilancia las 24 horas del día. Ese material también es enviado a plantas de reciclaje.

Aunque se trata de envases de plástico, muchos están en contacto con materia orgánica y otras sustancias, por lo que el olor a basura está presente durante todo el recorrido. Tras pasar por el «abre bolsas», los plásticos llegan al «separador balístico», que se encarga de distribuir los plásticos ligeros de los pesados. Esta máquina cumple una tercera función, que es la de discernir, por última vez, los productos orgánicos de los plásticos, enviando los primeros al rechazo. Las botellas de agua transparentes, por ejemplo, están hechas a base de pet, por lo que se enviarían a compactar con el material ligero.

Los otros plásticos se dividen con máquinas ópticas, que leen el espectro de luz que emiten y calculan a qué tipo de plástico pertenece (pead, pbdb, bricks o mixtos). Esta compleja maquinaria «sopla» los envases en diferentes secciones, y allí, una vez más, la mano humana será la encargada de hacer la última separación.

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