
El zoo de cristal, según el título del drama de Tennessee Williams (en 2011 se conmemoró el centenario de su nacimiento), o Visitando el zoo de cristal, tal cual es la intención de bautizar esta adaptación por por parte de sus responsables, Carlos Peris y José Luis Saiz. El matiz se explica, según nos dice el propio Saiz, también director de la obra, porque, «aunque no hemos reescrito el texto, sí es una revisitación del mismo, con el propósito de sacarle brillo a su material más básico». Y no se ha reescrito el texto, continúa Saiz, porque tiene una gran riqueza, un enorme valor poético y dramático».
En cualquier caso, la producción que Saga y Zircó ponen en pie en el Tetro Talía está firmada por el que es, sin discusión alguna, uno de los grandes dramaturgos del siglo XX y refleja de manera soberbia la situación de una familia después de la gran depresión de 1929, un argumento ligado de manera incontestable con la más rabiosa y dolorosa actualidad.
Sobre el escenario, un cuarteto de actores de solvencia mucho más que contrastada, como son Josep Manel Casany, Pilar Martínez, Àngel Fígols y Alejandra Mandli. Fueron elegidos mendiante casting por el propio José Luis Saiz («me interesa sobre todo la dirección de actores, y »), actor y director de escena valenciano que ha formado parte del equipo de dirección de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y del Centro Dramático Nacional (para el que ya montó en su día otra obra de Tennessee Williams, De repente, el último verano).
En esta visita valenciana a Tennessee Williams «se habla, en realidad, del hilo tan fino que se separa la normalidad de la marginalidad social, en la que se cae por el solo hecho de no tener un trabajo o un techo bajo el que cobijarse, porque esta sociedad te acepta o no dependiendo solo de eso», explica José Luis Saiz.
Uno de los pilares básicos de esta adaptación de la obra de Williams, prosigue Saiz, «es que, aunque no se reniega en ningún momento de su procedencia, se han eliminado, o, mejor aún, no se hace referencia a muchas de las referencias espaciales y temporales», lo que propicia que al final el conflicto de la familia acabe dominando al superar con creces ambos momentos históricos, el de la depresión de 1929 y el presente. Porque, en realidad, «aquí se está hablando del Sur y del Norte, no localizados ni espacial ni temporalmente, a través de una familia emigrante que simplemente intenta adaptarse y sobrevivir», explica Saiz. En resumen, una forma de mostrar «cómo los continuos y dramáticos vaivenes políticos y económicos pueden introducirse en el seno de una familia y destruirla».
Entre los personajes con que cuenta la obra, José Luis Saiz repara especialmente en el de Laura (interpretado por Alejandra Mandli). «Es un personaje simbólico, que muestra la parte asocial y salvaje, que no busca curar, sino eliminar, extirpar. Porque, en definitiva —añade el director—, no estamos ante un conflicto doméstico, conservador y de otra época, sino que se juega con ese simbolismo de la parte salvaje, colocado precisamente en el personaje femenino y débil de la familia».
El zoo de cristal, que también cuenta con la intervención en escena del músico Miquel Marín, se representará en el Teatro Talía de Valencia entre el 18 de enero y el 5 de febrero.

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