El actor Antonio Albella acaba de llegar a Valencia cuando cumple 20 años de trayectoria profesional y con la «fundada esperanza» de que se confirme como finalista de los Premios Max 2012 (se sabrá el día 15), galardón al que aspira precisamente por su papel de inspector jefe Hubbard en la obra Crimen perfecto, recién estrenada en el Teatro Olympia. «No quiero parecer petulante —nos dice—, pero la verdad es que estoy teniendo unas críticas muy bonitas por este personaje tan curioso».
Albella empezó su carrera de cara al público a finales de 1991, en Antena 3 TV, de la mano de Consuelo Berlanga, y pronto su popularidad aumentó notablemente al formar parte del curioso grupo musical Locomía. Quizá el público valenciano recuerde sus actuaciones en Canal 9 y en diferentes locales de ocio de la provincia, y, más cerca en el tiempo y ya en el terreno teatral, su participación en la obra Olvida los tambores, de Ana Diosdado, representada con gran éxito en el Principal hace tres años.
En Valencia, prácticamente (el fin de semana pasado actuaron en la comunidad de Madrid), inician el segundo año de gira con Crimen perfecto, la obra de Frederik Knot que inmortalizó en el cine Alfred Hitchock en 1954.
Cine dentro del teatro
Albella hace hincapié en que Crimen perfecto, obra versionada y dirigida por un joven Víctor Conde (ahora es el director residente del musical Los miserables), es «un montaje espectacular y muy cinematográfico. Lo que nosotros representamos en el escenario es el rodaje de la película Crimen perfecto. De hecho, lo que el espectador ve al entrar es un plató de rodaje en el Hollywood de los cincuenta. Ni siquiera hay telón, y cuando el espectador entra nosotros ya estamos interactuando. Así, —prosigue el actor—, se produce una doble realidad con los actores que ruedan la película y la historia que narra el guión». Jorge Sanz, Elena Furiase (protagonistas), Pablo Puyol y José Sánchez-Orosa, a los que Albella cubre de elogios, integran el resto del reparto.
«El mismo plató que se ha montado en el teatro es giratorio, de modo que es posible seguir la acción desde todos los ángulos —explica Antonio Albella—, y cuando se acaba de rodar una escena, esta se descompone y los actores volvemos a tener una relación de compañeros». Ese plató giratorio y el hecho de que se pueda ver la escena desde diferentes ángulos entronca, por cierto, con el hecho de que la cinta de Hitchcock fue uno de los primeros intentos cinematográficos en el hoy tan de moda 3D. «Efectivamente, hay incluso un efecto en la obra de teatro, justo cuando termina el primer acto —explica Albella—, que no puede ser más 3D, y es cuando la chica, Margot, después de matar a quien intentaba acabar con su vida, abandona la escena atravesando el patio de butacas».
Lo que cuenta Crimen perfecto, en resumen, es el argumento de suspense de la película de Hitchcock, «al que los cinéfilos descubrirán también mediante varios homenajes que se hacen en la obra al realizador británico», dice Albella. La historia, como todo el mundo recordará, es la de un marido que contrata a un excompañero de clase para que asesine a su mujer. Al final, sin embargo, será ella quien termine matando a su asesino, momento en el que arranca una interesantísima e incluso divertida investigación policial.
En esa investigación policial del segundo acto es donde se desarrolla el papel de Antonio Albella, es decir, el del inspector Hubbard: «Un policía típicamente inglés —dice Albella—, redicho, pero también dotado del siempre elegante e irónico humor británico. Un papel gustoso, muy agradecido, muy bien escrito, aunque tampoco libre de dificultades interpretativas, como la dicción tan especial que emplea»