Consejos

¿Dónde invierto mis ahorros?

Tras años de crisis, el horizonte parece aclararse para el pequeño ahorrador, aunque los expertos piden prudencia

15.11.2013 | 10:15
Es imprescindible diversificar los activos.
Es imprescindible diversificar los activos.

CONSEJOS GENERALES

  • Considerar el plazo: si se pretende planificar del ahorro, siempre se debería hablar de largo o medio plazo. Como alternativa, pueden hacerse dos cosas: especular (comprar y vender acciones a corto plazo) o hacer gestión de tesorería, es decir, dejar el capital en una cuenta corriente... a la espera de algo.
  • Rentabilidad: hoy es difícil encontrar algo así sin correr riesgos y sin un horizonte temporal largo que permita evitar malas sorpresas
  • No endeudarse para invertir. Ahora que ha terminado la burbuja, piénselo: ¿qué sentido tiene pedir una hipoteca a un banco si el dinero que queremos invertir no da para comprar el inmueble?
  • No seguir las modas: no hay que comprar cuando todos compran y vender cuando todos venden. Mejor comprar barato y vender caro. Seguir la manada nunca es una buena idea.
  • Distinguir precio y valor: hay acciones que tienen un precio bajo. Alguna, porque su compañía no es atractiva. Pero hay otras que en potencia sí tienen un gran valor, aunque su cotización no lo refleje todavía. En el primer caso, no hará un buen negocio. En el segundo, sí.
  • Diversificar y combinar. Significa considerar diferentes activos (fija o variable), su riesgo intrínseco, zona geográfica, divisas (las fluctuaciones de los tipos de cambio pueden suponer un riesgo). Escoger productos que tengan distinta liquidez. Y no confundir esta última con la seguridad del activo.

TIPOS DE INVERSIÓN

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    Depósitos

  • En plena crisis, muchos inversores optaron por contratar depósitos o cuentas remuneradas. Llegó a ser casi una moda.
  • A favor: Representan una alternativa para aquellas personas interesadas en mantener el capital a flote, sin riesgos excesivos y sin exigencias a corto plazo.
  • En contra: En la actualidad su rentabilidad de estos ha caído y es bastante baja. Se puede contratar un depósito al 4% durante un año, pero si ese año los tipos suben al 6%, seguirán remunerando un 4%, con lo que se pierden ganancias
  • Renta fija

  • Son los bonos y obligaciones en todas sus variantes, (incluyendo letras del Tesoro, pagarés y otros instrumentos). El emisor puede ser un Estado, un organismo público o bien una empresa privada.
  • A favor: Su gran ventaja teórica es la seguridad, salvo en casos extremos.
  • En contra: Los rendimientos que ofrece son menores respecto a otras opciones. Las letras del Tesoro a un año están por debajo del 1%.
  • Inmobiliario

  • El grueso del ahorro de las familias españolas está concentrado en inmuebles: casi un 80% del total.
  • A favor: A favor: Puede ser útil comprar una vivienda para alquilarla. Un consejo de los especialistas es que siempre conviene comprar dos (o más) pisos pequeños en lugar de uno grande.
  • En contra: Tener un piso de propiedad supone un coste: IBI, reformas, mantenimiento, etcétera, además de los gastos notariales e impuestos al formalizar la compra. Si se quiere especular con un piso, hoy por hoy va a ser difícil. Ya quedan atrás los tiempos de las vacas gordas.
  • Renta variable

  • Embarcarse en la compra de acciones se puede hacer si nos va un poco más la marcha y el riesgo.
  • A favor: En la actualidad, la bolsa española ha marcado máximo anual, se sitúa en niveles del 2011 y ronda los 10.000 puntos. Pero en años anteriores el índice bursátil estuvo en 15.000 puntos, con lo que podría haber potencial para subir.
  • En contra: A no ser que uno sea un poco especulador, la renta variable es una inversión con riesgo y de largo periodo.
  • Fondos

  • Este producto permite incorporar algo de bolsa y dosificarlo con opciones más seguras.
  • A favor: Dosificar un mayor riesgo con otro menor lo convierte en una de las opciones más atractivas. Salvo excepciones, se puede disponer del dinero en cualquier momento y fiscalmente su tratamiento es interesante.
  • En contra: Muchas sociedades gestoras insistirán en que venden un fondo "garantizado", lo que no significa que no se pueda perder dinero si éste no es rentable.
  • Fondos de pensiones

  • El inversor destina cada mes una pequeña cantidad de dinero. Se recuperará el monto finalizado el plazo del fondo: o todo de golpe o con remuneraciones periódicas.
  • A favor: Se consiguen desgravaciones cada año.
  • En contra: Una vez que pasemos a disfrutar del dinero, éste tributará como renta del trabajo.
  • Alternativas

  • Cuadros, sellos, monedas... Invertir en arte es una opción. Pero se trata de un mercado que no es líquido y tiene sus propias reglas. No siempre se puede vender cuando uno quiera (es la incógnita de las subastas), y las comisiones suelen ser elevadas.

Me ha tocado una pequeña herencia. Hace años habría invertido en un piso. ¿Pero ahora? Los precios han bajado tanto que no sé si el inmobiliario es todavía un activo que sale a cuenta. Los depósitos, a diferencia del pasado, en la actualidad ofrecen una remuneración muy baja. Claro, siempre queda la bolsa. Es verdad que en este último periodo el mercado se ha recuperado, pero en la última década apenas ha levantado la cabeza. En cuanto a los fondos de inversión, no son para tirar cohetes. ¿Qué tengo que hacer con ese dinero?".

Es la reflexión en voz alta de un inversor. Son muchos los ahorradores que se hacen las mismas preguntas. Con toda probabilidad, ante la imposibilidad de solucionar el dilema, la gran mayoría de ellos habrá acudido al banco donde tiene la cuenta y habrá pedido al gestor de la entidad un asesoramiento. Tras enumerar un complejo entramado de porcentajes detrás de un rimbombante nombre inglés, le acabarán vendiendo un producto financiero de "última generación", además de regalarle un televisor de pantalla plana y garantizarle el capital. ¿Y los rendimientos? "En estos momentos, poco más se puede hacer", le dirán los asesores. Mientras tanto, desconsolado y resignado, el ahorrador seguirá echando cada día un vistazo a las cotizaciones bursátiles, a la espera de una recuperación que nunca llega. O sí...

Este retrato, un tanto caricaturizado pero basado en la experiencia real, refleja la enorme confusión en la que se encuentra el inversor hoy en día. Los excesos irracionales de la burbuja inmobiliaria quedan lejanos, y los políticos insisten en decirnos que lo peor de la crisis ha pasado, pero tampoco se vislumbra un horizonte que haga pensar en unos retornos económicos boyantes. En este reportaje no se van a dar recomendaciones específicas, sino algunas claves para mantener el control de su dinero.

Lo primero que hay que pensar es: ¿debo invertir? Evidentemente, no es algo obligatorio. Sobre todo, si no se ve claro el retorno o si no entiende muy bien de qué producto financiero se trata. "Analice si necesita su dinero a corto plazo. Luego, mire las diferentes alternativas y, si no ve nada que le convenza, no se mueva. A veces, la mejor inversión es no hacer nada", sugiere Vicente Hernández, profesor del departamento de Economía y Empresa de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, autor de 'Finanzas personales para dummies' (Planeta).

Y si el producto que le ofrecen es demasiado complicado, mejor dejarlo. "De ninguna manera hay que invertir en activos financieros que no se entienden, como ocurrió con el famoso caso de las preferentes. Si no se entiende lo que se está comprando, entonces mejor no hacerlo. De otra manera, se corre el riesgo de comprar una camisa para descubrir después que le han vendido una corbata", alerta Jesús Palau, profesor de Finanzas de Esade.

Valga la prudencia. Ahora bien, siempre hay excusas para no hacer nada. Por ejemplo, se alega que no se dispone de suficiente dinero que administrar (cuando, por muy ajustado que esté el presupuesto, siempre se puede sacar algo). O que no se tiene tiempo (cuando sí lo encontramos para otros asuntos importantes como la familia o el trabajo). O que no se tiene conocimientos (cuando en realidad el objetivo no es hacerse millonario, sino administrar recursos para evitar algún día encontrarse en apuros). Los analistas repiten la misma canción: "Dejar los ahorros en la cuenta corriente es un error: no genera ingresos, puede traer retención fiscal. Inviértalos en un vehículo líquido que capitalice aunque sea para reducir la pérdida de valor causada por la inflación y los gastos de mantenimiento". Y aquí llegamos al punto siguiente, que condiciona todas las decisiones futuras: ¿cuánto estamos dispuesto a arriesgar?

Indudablemente, a los 20 años uno es más propenso a las aventuras que a los 60. En las inversiones, hay una regla que no falla: cuanto más cerca de la jubilación se esté, menos riesgos se tienen que correr. En efecto, en víspera del retiro laboral hay poco tiempo de reacción para remediar posibles errores, mientras que, si se tiene por delante un largo plazo, el riesgo se diluye y entonces sí que conviene tirarse a la piscina.

Jordi Sullà, director del programa de gestión patrimonial de EFPA (European Financial Planning Association) con más de 20 años de experiencia, cuenta que en algunos de los seminarios de educación financiera que imparten en los colegios les suelen plantear a los chavales una pregunta muy sencilla: "¿Te gusta más la bicicleta, el caballo o el parapente?". Según la respuesta, se deducirá la inclinación a arriesgar de cada uno (en orden creciente). Porque todos tenemos una cierta índole. Existe en la ciencia financiera el llamado nivel de insomnio, es decir, el porcentaje de pérdidas que se pueden asumir sin perder el sueño. Se trata de hacer la prueba, porque no se puede tener pesadillas con el dinero.

Miguel Ángel Bernal, profesor y coordinador del departamento de Investigación del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB) en Madrid, cree que "el riesgo siempre es un elemento que considerar, incluso en los perfiles más conservadores. Y en el horizonte temporal a largo plazo, siempre ha de estar presente". La clave, entonces, consiste en diversificar. En el momento de cocinar, entre los ingredientes va bien un poco de picante, siempre que no esté concentrado en un único plato. Y pone el siguiente ejemplo, muy gráfico: "La pólvora es peligrosa. Pero con ella puedes hacer dinamita o repartirla en distintos cartuchos. En el primer caso, si estalla, es una explosión. En el segundo, sólo es un petardo".

Mantener fondos de emergencia

En todo caso, si ha tomado la decisión de invertir, no eche toda la leña al fuego: mantenga un fondo de emergencia por si acaso. Puede ser el equivalente a tres o seis meses de la nómina, si es un trabajador por cuenta ajena, o incluso hasta un año, si es autónomo y corre el riesgo de quedarse sin paro. Y, antes de empezar a deshojar la margarita inversora, reflexione: no destine automáticamente parte de ese capital a tapar agujeros. Por ejemplo, a veces conviene quedarse con la hipoteca. Porque, dependiendo de los casos, el rendimiento de otra inversión puede ser superior al beneficio que supondría acabar con el coste del préstamo.

El factor riesgo no es el único que considerar. La estrategia de inversión dependerá de los gastos que se tengan previstos y de su horizonte temporal. Si se ha planeado comprar una casa o un coche dentro de un plazo, se tendrá que disponer de ese dinero cuando llegue el momento. De ahí dependerá, entre otras cosas, la liquidez del producto inversor que elijamos (es decir, la capacidad de recuperar el dinero en nuestra cuenta corriente). Por ello, escribe Hernández: "Las acciones y los inmuebles son atractivos a largo plazo. No son inversiones aptas para el dinero que se va a necesitar dentro de, digamos, los próximos cinco años. En cambio, las inversiones en mercado monetario, cuentas remuneradas, depósitos y bonos son buenos lugares para tener dinero que se espera utilizar pronto". Sullà explica que en España hace no muchos años había un gran malentendido sobre este punto. "El país estaba obsesionado con vivir en el presente: los inversores consideraban corto plazo tres meses; medio plazo, seis meses; largo plazo, un año". Ahora ya se habla de tres, cinco o diez años.

"Cumplir con las propias necesidades"

No hay que confundir liquidez y seguridad. "La seguridad la determina la clase de activo. La bolsa es líquida, pero no es tan segura. El hecho de que sea algo líquido no significa que voy a recuperarlo todo", expone el profesor Josep Palau. Porque, en caso de emergencia, las acciones siempre se pueden vender, pero sin tener la garantía de conseguir el mismo dinero que se pagó al principio. "Si se quiere invertir para el futuro, entonces hay que estar seguros de ese capital no se va a sacar, porque los rendimientos se obtendrán a largo plazo. Es más, si se decide sacar antes los ahorros, uno podría acabar penalizado", apunta Palau.

Como dice Josep Soler, presidente de EFPA (European Financial Planning Association) Europa y director del Institut d'Estudis Financiers de Barcelona, "el objetivo no tiene que ser sacar rendimientos, sino cumplir con las propias necesidades". Antes de quedarse con la tableta o el DVD de regalo del banco, mejor analizarlo bien.

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