Negocios, dinero y amor, ¿en ese orden?
En este tipo de matrimonios hasta se casan ya con preacuerdo matrimonial. Son conscientes de que el amor se acaba. No digo que no haya amor, pasión o admiración. Pero yo creo que el amor está vinculado mucho al interés.
Pues después de haberse ocupado de las «mujeres de», los «hijos de» y los matrimonios debería hacerlo de los divorcios.
El tema de los divorcios es muy importante, está creando otra clase social, una nueva casta. Hemos tenido el ejemplo de Fernando Fernández Tapias Fefé. La separación de su segunda mujer, Juana García Courel, fue uno de los divorcios más millonarios de España. Ahora mismo tenemos el de Adriana Abascal y Juan Villalonga, que va a ser de altura.
Usted define estos enlaces como «covalentes». ¿Las dos partes aportan algo?
No, unos de los matrimonios más desiguales que hay son los de la Familia Real Española. (Iñaki) Urdangarín o Letizia (Ortiz), o (Jaime de) Marichalar en su día, no aportan nada. Bueno, amor, digo yo. Luego hay otras en los que sí aportan los dos. Por ejemplo, María Margarita de Vargas —a la que en el libro bautiza como «la Letizia venezolana»— que pone la gran fortuna y Luis Alfonso de Borgón, el pedigrí.
Nobleza y dinero, eso es un clásico de la historia de España.
Claro. Como Marie Chantal Miller, la gran fortuna americana, y Pablo de Grecia, heredero a un trono improbable. O los toreros. La duquesa de Alba quiso casarse con un torero y no lo hizo. Sin embargo, su hija se casó con un torero.
Las imágenes de la boda de Alejandro Agag y Ana Aznar están ilustrando las informaciones del caso Gürtel.
Ahí están los imputados. Francisco Correa y Jacobo Gordon, íntimo amigo de Agag; y el que organizó la famosa despedida de solteros fue El Bigotes, Special Events, que también colaboraron en la boda en El Escorial.
Casi una boda «de Estado»…
Esa fue una boda muy singular. Dos personas normales se convirtieron en reyes por un día.
¿Y los negocios?
Inicialmente es Agag el que se forma gracias a los Aznar y ahora son los Aznar los que están llevándose patrimonio gracias a Agag. Por eso digo que Agag es el mejor partido para un suegro.
¿Es Agag el yernísimo de España?
En el libro cuento los negocios de Urdangarín, el Instituto Noos, que quiso quedarse con la Copa del América. Agag y Urdangarín son los yernísimos y donde mejor viven es fuera de España, no les controlan, no están sometidos a la presión de los medios y la social. Son dos hombres de negocios que estaban en el sitio adecuado en el momento adecuado, más bien intermediarios. A Agag en el Parlamento Europeo le llamaban «el conseguidor». Hoy es millonario gracias a la Fórmula 1, los fondos de inversión y los negocios inmobiliarios.
Destaca usted interelaciones entre los distintos matrimonios.
Porque son endogámicos, un círculo cerrado. Y tienen intereses comunes. Este tipo de matrimonios son lo que en términos financieros se llamaría «pelotazo».
¿Y la sociedad española no se escandaliza?
La sociedad española cada vez se escandaliza menos.
Cinco parejas a examen y los «cónyuges de»
«La belleza atrapa al poder y el poder se deja atrapar por la belleza». Así se refiere Galiacho a Adriana Abascal y Juan Villalonga. Otro capítulo está dedicado a Elena Ochoa y Norman Foster —«ella pasó de doctora del amor a vivir en un castillo y viajar en avión privado»—. Pero también hay relaciones «desaprovechadas». Según el autor, las de Marta Chávarri o Mar Flores. Otras veces ellas son las poderosas (Ana Patricia Botín) mientras su marido ejerce de «señor de». s.g. valencia