05 de enero de 2016
05.01.2016
Alaquàs

El Bar Morales cierra sus puertas tras 35 años

El matrimonio que lo regentaba, Jesús Morales y María Medina, se jubilan y el negocio no será continuado por la familia Los clientes les homenajearon

04.01.2016 | 20:53

Los hermanos Jesús y Andrés Morales llegaron a Alaquàs en 1981 y se instalaron en el bar que había a la entrada de la calle Mayor. Tras haber estado un tiempo en el negocio de hostelería como arrendatarios, los torrentinos decidieron tener su propio establecimiento y aprovecharon el traspado de este bar.

El primer cliente que entró por la puerta fue Alberto Garrote, recuerdan los dueños del bar. Durante dos décadas, el Morales fue el principal punto de reunión de los vecinos, especialmente en las fiestas mayores, donde algunos días llegaron a dar de cenar a más de 300 personas. Las patatas bravas, la ensaladilla, las 'clotxinas', los huevos rellenos y todas las tapas más tradicionales les convirtieron en un referente.

Después de casi 35 años, el Morales bajaba la persiana por ultima vez hace unos días, coincidiendo con la jubilación de Jesús Morales y su mujer, María Medina, que lo han regentado en los últimos diez años. Y lo hacían acompañados de algunos clientes que quisieron pasar por allí el último día. «Al principio éramos dos matrimonios y hacíamos turnos, de forma que teníamos abierto mañana, tarde y noche los siete días de la semana», recuerdan.

Y así forjaron una clientela fiel que buscaba el trato cercano, el ambiente familiar y la cocina tradicional. Peñas y clavarías cenaban allí durante las fiestas y también para sus reuniones periódicas. En un tiempo, incorporaron salón de banquetes. Además de tapas, el bar era famoso por los platos de cuchara del menú.

Con los años, el negocio pasó a manos de Jesús y María únicamente, por lo que fueron reduciendo horario y servicio. «Nos hemos ido adaptando a los tiempos, a la gente y a nosotros, que nos hemos hecho mayores y ya no podíamos con tanta marcha», recordaba Jesús Morales.

En su última jornada recordaron cómo han ido trazando lazos de amistad con sus clientes, primero con los padres y luego con los hijos. Hasta tal punto que una semana antes de cerrar, dos de las habituales simularon el encargo de una paella y les organizaron una fiesta sorpresa a la que acudieron unos 50 clientes, además de obsequiarles con un regalo.

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