16 de marzo de 2016
16.03.2016
Fallas

Un regalo de cumpleaños que se repite 18 años

Fernando Dávila Tarín crea y planta su propio monumento, algo que se ha convertido ya en emblema de Benetússer

16.03.2016 | 10:57
Un regalo de cumpleaños que se repite 18 años

En Benetússer hay una falla especial, una que no compite en ningún concurso ni tiene falleros. Su comisión es todo el pueblo. Los vecinos, incluidos representantes políticos, falleras mayores de la Junta Local y falleros que cada año se acercan hasta el Pasaje Bilbao para ver con qué monumento les sorprende esta vez Fernando Dávila Tarín.

Este vecino de Benetússer y trabajador del mueble decidió un día regalarle a su hijo por su cumpleaños -el 12 de marzo- una falla. La creó con sus propias manos y su hijo pudo disfrutar ese año de su falla propia, invitando a amigas a cenar como si de un presidente infantil se tratase. De eso hace ya 18 años y ahora ese niño Daniel, tiene 30 años y su hermano Moisés de 22 ayudan a su padre a confeccionar este particular monumento.

«A los cuatro o cinco días de la ´Cremà´ ya empezamos a trabajar en el monumento del año siguiente. La hacemos a ratos los domingos, poco a poco», explica Fernando, para quien el tiempo no importa. «Realmente lo importante es la realización, diseñar las figuras, luego moldear el cartón, pintar y ensamblar las escenas hasta conseguir que puedan decir algo... Eso es lo bonito, mirar la falla y que cada figura te recuerde un momento», explica.

La obra de Fernando tenía siempre un mensaje, este año, en cambio, «es menos crítica y la he hecho más infantil. Tenía ganas de dedicarle una falla a los niños, que disfrutan mucho viéndola. De hecho los colegios siempre vienen a verla», reconoce. «Cuentos de ayer y de hoy» es el lema de este particular monumento con figuras sobre personajes de cuentos clásicos como el patito feo. «Cada ninot es una escultura, lleva mucho trabajo». Monumento que como los demás también se quema. «Vienen las falleras mayores del pueblo a prenderles fuego. Para no entorpecer a las demás fallas hacemos la «Cremà» a las 20 horas, antes que el resto, y eso hace que todo el pueblo venga a verla y sobre todo los niños», relata.

La particular falla de Fernando Dávila es totalmente altruista. El ayuntamiento colabora en aportar vallas y arena, pero todo el material y por supuesto la mano de obra son proporcionados por Fernando, al que solo le mueve la pasión artística y emocional en lo que hace. «Mi familia y yo plantamos la falla con mucha ilusión y orgullo, más que por el mensaje o la crítica que hay en ella, el principal motivo por la que la plantamos es el poder sacar y plasmar físicamente ideas e imágenes que llenan nuestra cabeza», asegura Fernando, para quien la «Cremà» es un momento especial. «El fuego lo consume todo en breves instantes pero lo que no se quema es nuestra creatividad», confiesa.

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