04 de julio de 2016
04.07.2016
Reivindicación del BIC

Acequias: el corazón y las arterias de l'Horta

El entramado de canalizaciones iniciado en la Edad Media hizo posible el desarrollo de un nuevo agrosistema que en pleno siglo XXI aún impulsa el presente de los municipios

04.07.2016 | 09:36
Acequias: el corazón y las arterias de l'Horta

Las acequias del Túria constituyen organismos históricos vivos, que desde su origen impulsan y aúnan los derroteros de Valencia y su huerta. Por ello, el autor del artículo se pregunta por qué no tienen la máxima protección patrimonial si gracias a ellas se posibilitó la realidad valenciana desde la etapa musulmana

¿Por qué las acequias históricas de l'Horta valenciana, que nacen poco antes de entrar el río Guadalaviar en Valencia, no tienen la máxima protección patrimonial, la de BIC, si gracias a ellas se posibilitó la creación de nuestra realidad histórico-cultural-social, desde la misma Edad Media?

A diferencia de cualquier objeto físico inerte, las acequias históricas no son una cosa sin vida sino que constituyen organismos históricos vivos, que desde su origen han impulsado y aunado los derroteros de Valencia y toda su huerta y, por ello, pueden seguir aportando riqueza, en un sentido amplio, a nuestro presente.

Serán los ibero-romanos los primeros que tratarán de domesticar el agua para su uso agrícola. Balsas, acueductos, pequeños canales de agua en las villas romanas y aprovechamientos de nacimientos de agua, nos hablan de la protohistoria de la hidráulica valenciana. «En realidad, no hay un solo dato que sea concluyente respecto a la posibilidad de cultivos extensivos irrigados, o de sistemas hidráulicos complejos. Sí existirían microhuertas de superficie bastante restringida y, por tanto, de producción escasamente excedentaria» (Josep Gisbert, La gran historia de la Comunidad Valenciana, Tomo 2, Levante, pp. 180, 181).

Sin lugar a dudas, el nacimiento de las acequias históricas se va a producir con la llegada de los musulmanes. Ellos van a crear ese rico entramado de canalizaciones que va a posibilitar un desarrollo agrícola muy superior al de las etapas precedentes. Así, se puede afirmar que la construcción de esa red hidráulica hará posible «la creación de un nuevo agrosistema en el que se incluye la creación de los lugares de vivienda, la de nuevas morfologías en los espacios de trabajo (los parcelarios aterrazados) y la reconstrucción de las redes de circulación para acceder a unos y otros, sin olvidar lógicamente el modelo de agricultura intensiva de regadío que desarrollan» (Enric Guinot, La Huerta de Valencia, p. 66).

Finalmente, será a partir de la conquista de Jaime I y la venida de los nuevos pobladores cuando las acequias históricas, paulatinamente, hasta llegar a mediados del siglo XX, se van a constituir en un completo sistema arterial que hará llegar el agua a todos los puntos de l'Horta valenciana, sin dejar ningún rodal huertano sin posibilidad de riego.

Y, al comienzo del siglo XXI, llega el momento de la razón histórico-ética, integradora, que nos proyecta como comunidad humana solidaria que comparte unos objetivos, más allá del egoísmo individual y del simple intercambio mercantil. Y nos plantea una cuestión fundamental: ¿la Real Acequia de Moncada y las ocho acequias del Tribunal de las Aguas siguen impulsando nuestras vidas?

Una fuerza en el presente
La falta de conciencia histórica ha arrastrado a ciudadanos y políticos a actuar como el médico irresponsable que no conoce todo el historial de su paciente y, por ello, es incapaz de tratarlo como debería. Sin embargo, las acequias históricas constituyen una fuerza que sigue empujando nuestro presente (economía, agricultura, medio ambiente, turismo), de modo que si conocemos mejor su integración en nuestro territorio y su influencia a lo largo de la historia hasta el presente, podremos canalizar su potencial para construir un proyecto político social respetuoso respecto a la sostenibilidad naturaleza-cultura y más solidario.

Esta red arterial-hidráulica de nuestro territorio, que desde la Edad Media ha sido su alimento fundamental, lo seguirá siendo si dejamos de lado esa actitud suicida que se empeña en destruir nuestro propio ser patrimonial, como pueblo, al ir demoliendo y envenenando su corazón: su red hidráulica.

*Doctor en filosofía y cronista del puig

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