Pino Alberola, Alicante
Para empezar, las personas con minusvalía son en el medio rural el 11,7% de los habitantes, un 3% más que en el medio urbano. Además, en el caso de las personas mayores de 65 años esta cifra se eleva hasta 34,3%.
En el terreno de la salud, el estudio constata que suelen recibir en un menor porcentaje tratamientos de rehabilitación y servicios especializados como podología o asistencia de salud mental o psiquiátrica. También se pone de manifiesto que los discapacitados que viven en el medio rural se ven obligados con mayor frecuencia, 10 días más que en el caso del medio urbano, a utilizar el transporte sanitario.
Uno de los ámbitos en los que más se aprecian las diferencias es en el de la educación. Según se desprende del informe del Cermi, los discapacitados que residen en el medio rural tienen un nivel formativo «considerablemente menor». En el doble de los casos, si se compara con el medio urbano, los niños de 6 a 15 años no son escolarizados. El número de personas de 6 a 64 años que no tiene estudios es un 10% superior en el caso de los pequeños núcleos de población, y en el segmento de 65 o más años las diferencias son «exageradas», constata el informe.
Otro de los apartados donde las desventajas son más claras es en el empleo. El porcentaje de ocupados discapacitados en el entorno rural es menor al del medio urbano (19% frente a 24%). En este entorno es más frecuente el trabajo por cuenta propia. De hecho, hay casi un 20% más de personas con discapacidad en el medio rural que son empresarios sin asalariados. También destaca el menor porcentaje de personas con discapacidad que acceden al empleo público y las enormes diferencias en los sectores de ocupación, ya que en el medio rural predomina el agrícola. Según el estudio, se trata de un tipo de trabajo que presenta, por un lado «mayor dureza y exigencias físicas y además un mayor riesgo e implicación personal». Por si esto no fuera suficiente, en el medio rural hay una mayor tendencia a la contratación temporal y quienes se encuentran desempleados reciben en un menor porcentaje medidas para el fomento del empleo.
A la luz de las conclusiones de este informe, el Cermi describe unas líneas de acción encaminadas a mejorar la calidad de vida de las personas discapacitadas que viven en entornos rurales. Medidas que pasan por la puesta en marcha de medios de trasporte públicos y adaptados, el fomento de las nuevas tecnologías de la comunicación, el impulso de la vivienda accesible, incremento de la participación social de estas personas y el fomento de las actividades sociales.
Un primer paso para lograr esta plena integración es el proyecto @lter puesto en marcha por el Cermi. Se trata de un plan de atención directa y personalizada que pretende, a través de la formación y utilización de las nuevas tecnologías y el entrenamiento en habilidades psicosociales, potenciar la autonomía de las personas con discapacidad física que viven en pequeños núcleos de población.
Este proyecto piloto ya ha sido desarrollado en Sevilla y Madrid con 15 beneficiarios. La metodología de intervención se basa en el desplazamiento del equipo técnico a los domicilios de los usuarios para ofrecer una atención personalizada, ajustada a las capacidades, necesidades y expectativas de los beneficiarios.
Para el desarrollo del plan se utilizan tres enfoques de manera simultánea: enfoque comunitario, donde se interviene en el entorno del sujeto; enfoque psicosocial en el que se actúa directamente con los beneficiarios mediante el fomento de competencias psicosociales, y por último el enfoque sistémico, en el que se actúa sobre la familia y su entorno relacional más próximo.