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Jóvenes en las calles, clérigos entre bastidores

 

Más allá de las masas de la "ola verde", los protagonistas de la crisis iraní son las figuras de la revolución islámica de 1979 que encabezó Jomeini

EUGENIO FUENTES OVIEDO Decenas de miles de jóvenes iraníes, "la ola verde", han tomado las calles en protesta por lo que consideran, al igual que miles de analistas en todo el planeta, un pucherazo electoral en toda regla. Los protagonistas de este movimiento de desobediencia cívica -sin precedentes en los 30 años de vida de la República Islámica- denuncian que el Gobierno del presidente saliente, el conservador Mahmud Ahmadineyad, le ha robado las elecciones del pasado viernes a su líder, el reformista Mir-Hussein Musavi, y exigen la repetición de los comicios. Estos rebeldes, que se manifiestan en un clima de creciente apagón informativo e indignados hasta la violencia callejera, fueron antes del viernes los protagonistas de la campaña electoral más intensa que ha conocido Irán. Tienen menos de 30 años, como la mitad de los iraníes. Muchos son de clase media y han estudiado o lo hacen aún. Montaron su campaña a golpe de móvil y de redes sociales, los mismos medios que se les prohíben o dificultan hasta la exasperación estos días. Y la hicieron con la esperanza de que el pintor y arquitecto Musavi, que regresa a la política 20 años después de haber dejado de ser primer ministro, traiga un cambio al Irán de los ayatolás, anclado en el más radical conservadurismo por los cuatro años de represora presidencia del populista Ahmadineyad.
Pero ¿cuál es el cambio que ofrecen los reformistas No se trata, no hay que confundirse, de alterar la arquitectura de la República Islámica para convertirla en un régimen democrático de corte occidental. Sólo los Muyahidines del Pueblo -con cuartel general en Iraq y antenas en Francia- y algunas minorías del interior se oponen hoy claramente al sistema fundado por Jomeini. Un régimen que reposa en una estructura doble en la que una red de consejos religiosos, en posición preeminente, se superpone -y filtra los candidatos- a una red de instituciones electivas relegadas a la gestión de los asuntos corrientes,
En esas condiciones, el programa reformista ofrece: 1) abandonar la política exterior de confrontación con Occidente y sustituirla por un diálogo que no excluya la dignidad nacional; 2) mejorar las condiciones de vida y el poder adquisitivo, y 3) respetar los derechos de las mujeres y ampliar las libertades de costumbres, información y comunicación. En cuanto a la carrera nuclear, se ha convertido en una "línea roja" y ningún candidato se ha atrevido a plantear pasos atrás.
La observación de las vestimentas y actitudes de los jóvenes que se manifiestan en Teherán hace sospechar que sus deseos tal vez rebasen este programa mínimo reformista. De igual modo, en el polo opuesto, los conservadores radicales prescindirían con gusto de todo lo que no fuesen consejos religiosos.
Ahora bien, más allá de la primera línea que representan Ahmadineyad, Musavi y las masas, la crisis iraní cuenta, entre bastidores, con dos grandes protagonistas de la revolución de 1979 que mueven a los demás como piezas propias: el Líder Supremo, el conservador radical Ali Jamenei, valedor de Ahmadineyad, y el presidente de la Asamblea de Expertos, el centrista Akbar Hachemi Rafsanyani, mentor de Musavi.
El ajedrez se complica si se tiene en cuenta que el conservador radical Jamenei fue presidente de 1981 a 1989 y tuvo como primer ministro en esos duros años -los de la guerra con Iraq- al hoy reformista Musavi. Rafsanyani, presidente entre 1989 y 1997, abrió el camino al reformista MohamedJatami (1997-2005), hoy defensor de Musavi.
Dificulta aún más el rompecabezas saber que aunque la arquitectura política iraní culmina en la figura del Líder Supremo -auténtico jefe de Estado y máximo líder religioso, militar, político, judicial y arbitral-, éste, a su vez, es nombrado, supervisado y puede ser destituido por la Asamblea de Expertos que preside Rafsanyani.
Estamos, pues, ante un combate de gigantes en el que, en última instancia, se dirime el futuro de la República Islámica. Un futuro que puede pasar por la apertura al mundo (Rafsanyani, luego Musavi) o por la represión de la "ola verde", el refuerzo del aislamiento y la carrera nuclear (Jamenei, luego Ahmadineyad).

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