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El Dalai Lama rechazó ayer que su visita de estos días a Taiwán tenga "motivos políticos", tal y como ha manifestado el Gobierno chino, por lo que aseguró que no se reunirá con el presidente de la isla, Ma Ying Jeou. En declaraciones a la CNN, el líder tibetano aclaró que su estancia en Taiwán tiene como objetivo principal apoyar a las víctimas del tifón "Morakot", que arrasó la isla y provocó casi 700 muertos y desaparecidos.
En el sur de Taiwán, el Dalai Lama mantendrá un encuentro con supervivientes del desastre. "Como monje budista, es mi principio moral viajar aquí, ver y compartir algo de su pena, de su tristeza", explicó poco después de su llegada. El Gobierno chino lleva varios días condenando la visita del Dalai Lama a Taiwán e incluso ha advertido de que podría tener "efectos negativos" en las relaciones entre ambos países, las cuales han experimentado una gran serie de mejoras desde la llegada del presidente Ma. "Nos mantendremos vigilantes", avisó un portavoz de Pekín citado por la agencia oficial Xinhua.
El portavoz del Dalai Lama precisó antes de su partida, que había sido invitado por "gente" de Taiwán sin afiliación política y que solamente pretendía consolar a las víctimas del tifón que azotó este mes a Taiwán, según reportó una agencia de noticias local.
"Un separatista"
El Dalai Lama, a quien Pekín considera un separatista, llegó el domingo a Taiwán . China se opone a los viajes del Dalai Lama al extranjero y ha condenado a los líderes opositores de Taiwán por invitarle esta semana a una visita que se extenderá hasta el viernes.
"El PDP tiene motivos ocultos para instigar la visita del Dalai Lama, quien desde siempre ha estado relacionado con activistas separatistas", manifestó, por su parte, un portavoz de la oficina de Asuntos Externos de Taiwán.
"Nos oponemos con rotundidad y nuestra postura al respecto es firme y clara", dijo el portavoz, quien agregó que la visita del Dalai tendrá una "influencia negativa" en las relaciones bilaterales de las partes implicadas.
El presidente taiwanés permitió la entrada del líder espiritual en una maniobra populista a la que se opuso el año pasado cuando protagonizó un acercamiento con China tras 60 años de hostilidades.