EFE
La organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) informó hoy de que el periodista afgano Syed Pervez Kambakhsh, que había sido condenado a 20 años de cárcel por distribuir un artículo en internet sobre los derechos de la mujer en la sociedad afgana, ha sido liberado y ya ha salido del país.
En un comunicado, la organización se felicitó por la liberación de Kambakhsh, condenado a muerte en enero de 2008 por un tribunal local que lo consideró culpable de blasfemia por distribuir y debatir con sus compañeros de universidad un artículo de una autora iraní afincada en Europa, que denunciaba la falta de derechos de la mujer afgana.
La pena fue conmutada más tarde por una corte de Kabul por 20 años de cárcel, una sentencia que el Tribunal Supremo ratificó.
"Tras estar detenido durante casi dos años, ahora necesita reconstruir su vida. Rendimos tributo a todos los activistas de la libertad de expresión en Afganistán y en el extranjero que nunca dejaron de defender su inocencia y presionaron para que fuera liberado", dijo en la nota el secretario general de RSF, Jean-François Julliard.
"Este caso será recordado como una injusticia marcada por la intolerancia religiosa, el abuso policial y la incompetencia de ciertos jueces", continuó Julliard.
El secretario general de RSF también hizo un llamamiento a las autoridades afganas para que se aseguren de que el artículo 130 de la Constitución, que se refiere a la blasfemia, no sea utilizado políticamente para "suprimir la libertad de expresión".
La organización recordó que varios gobiernos intentaron interceder para conseguir la liberación del periodista y que la misma RSF entregó una petición con miles de firmas a un consejero de Karzai.
Kambakhsh, estudiante de Periodismo de 23 años, trabajaba para el diario Jahan-en-Naw ("Nuevo Mundo") cuando fue arrestado en la ciudad norteña de Mazar-i-Sharif en octubre de 2007, acusado de blasfemia por difundir un artículo sobre los derechos de las mujeres.
RSF denunció hoy que la corte que lo había condenado a muerte había tomado esta decisión presionada por un consejo de mulás y funcionarios locales y añadió que las fuerzas de seguridad lo torturaron.