EFE BERLÍN
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La derrota histórica del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) en las elecciones generales de ayer no hizo más que culminar un proceso de crisis que comenzó con la traición del canciller Gerhard Schröder a los valores tradicionales del partido. Así es al menos como interpretaron las bases y los votantes socialdemócratas el paquete de reformas sociolaborales comprendidos en la denominada Agenda 2010 aprobada en 2003 por el entonces gobierno socialdemócrata-verde de Schröder.
El SPD lo fue pagando en todas las elecciones regionales que siguieron a este programa, año tras año, hasta llegar al 20,8% en las elecciones europeas de junio pasado. El descalabro de ayer fue a escala nacional el más pronunciado en unas generales, pues no sólo fue históricamente malo el resultado -un 23%- sino histórica también la caída, un 11% con respecto a las legislativas de 2004.
Los socialdemócratas visto en esta legislatura cómo La Izquierda, liderada por el postcomunista Gregor Gysi y el ex socialdemócrata Oskar Lafontaine, le relegaba a tercera fuerza en todo el este del país, amén de robarle terreno también en el oeste.