EFE/EUROPA PRESS ROMA
El temor a una nueva agresión contra Silvio Berlusconi llevó ayer la cuestión de la seguridad del primer ministro italiano al centro del debate político del país. En el segundo día que pasa el mandatario en el hospital San Raffaele de Milán, en el que ingresó tras ser golpeado con una réplica en miniatura del Duomo (catedral), la agresión acaparó el protagonismo de la actividad del Parlamento ayer,.
El desafío que queda ahora por delante para las autoridades es aumentar la "prudencia" que solicitan los servicios secretos italianos en torno a la seguridad de un Berlusconi, que, según el último parte médico, será dado de alta hoy, con la recomendación de abstenerse de cualquier actividad durante quince días.
Los servicios secretos creen que, a partir de ahora, se deberá decir "no" a Berlusconi ante su deseo de acercarse a la gente, pues eso le pone en peligro. Y eso será "muy difícil", según confirmó ayer el portavoz del jefe del Gobierno, Paolo Bonaiuti, quien añadió que "nos quedaríamos sin el Berlusconi león y luchador que siempre ha sido".
"El amor vence siempre"
Desde el hospital, Berlusconi mandómandar un mensaje a la página web del PDL -su partido-para agradecer la solidaridad recibida: "Gracias de corazón a tantos que me han mandados mensajes de cercanía y afecto. El amor vence siempre sobre la envidia y el odio", dijo Il Cavaliere.
Mientras, el ministro del Interior, Roberto Maroni, y el de Defensa, Ignazio La Russa, anunciaron ayer en la Cámara que llevarán al consejo de ministros de mañana medidas legislativas "urgentes" para limitar la "libertad de expresión en Internet y en los lugares abiertos y públicos".
Maroni habló en la Cámara de una "espiral de emulación" generada por los tonos "ásperos de la dialéctica política y la creciente campaña contra el presidente" del Ejecutivo.
El portavoz del Pueblo de la Libertad (PDL), Fabrizio Cicchitto, acusó a Italia de los Valores (el partido del ex magistrado Antonio Di Pietro), a los jueces y a los periodistas críticos con la política del Gobierno de "fomentar el odio". Cicchitto, tenso y tembloroso, citó al grupo periodístico La Repubblica-L'Espresso, a Michele Santoro (director del programa de RAI 2 AnnoZero) y a Marco Travaglio, columnista de Il Fatto Quotidiano, al que tildó de "terrorista mediático", como instigadores morales del acto de violencia.
Di Pietro respondido con ironía, mostrando su solidaridad a "todos esos condenados a muerte". Cuando el ex magistrado tomó la palabra, los diputados del PDL abandonaron el pleno.
El agresor de Il Cavaliere, Massimo Tartaglia, pidió disculpas por un acto que considera "superficial, cobarde y temerario", tal y como transmitieron sus abogados, y afirmó que actuó "solo", algo que el Gobierno italiano pone en duda.