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El régimen iraní volvió a dejar claro ayer que las amenazas sobre su programa nuclear no le preocupan, con el ensayo de un misil que podría alcanzar Israel y las bases militares de Estados Unidos en el Golfo Pérsico, e incrementó la presión contra los disidentes, con el anunció de que la justicia tiene "pruebas suficientes" de que los líderes de la oposición "conspiraron contra el sistema" tras las presidenciales.
El ministro de Defensa iraní, Ahmad Vahidi, aseguró que el misil Sejil 2,con un alcance de 2.000 kilómetros, no puede ser neutralizado por los sistemas de defensa antimisiles por su velocidad y capacidad antirradar.
Las condenas desde Occidente a la nueva prueba balística iraní no se hicieron esperar. La Casa Blanca dijo que el lanzamiento pone en duda el carácter pacífico del programa nuclear iraní y que será tomado en serio por la comunidad internacional.
Un responsable iraní de energía restó importancia a la aprobación la noche del martes en la Cámara de Representantes de EEUU de sanciones contra las empresas extranjeras que suministren gasolina a Irán, asegurando que dichas sanciones no supondrán ningún problema porque tienen muchos proveedores de gasolina. Irán es el quinto productor de petróleo del mundo, pero tiene que importar el 40% de la gasolina que consume, ya que carece de la capacidad de refinamiento.