ANXO LAMELA COPENHAGUE/EFE
La cumbre, en la que han participado 119 jefes de Estado y de Gobierno con una concurrencia sin precedentes, ha quedado marcada, al margen de acuerdos y desacuerdos, por el caos organizativo y una férrea actuación policial para frenar las protestas. La decisión de la ONU, responsable principal de la conferencia, de permitir la acreditación de 46.000 personas en el palacio de congresos Bella Center, tres veces más que el aforo del escenario de la cumbre, provocó durante varios días un colapso de los accesos que dejó mal parada su capacidad organizativa. La avalancha de nuevos asistentes a principios de esta semana, coincidiendo con la llegada de representantes ministeriales de los 192 países participantes, provocó el caos, con miles de personas haciendo cola durante más de ocho horas a temperaturas próximas a los cero grados y sin poder acceder al recinto.
La ONU rectificó limitando el acceso mediante cuotas a las organizaciones no gubernamentales e intergubernamentales, que acapararon un tercio del total de acreditados, lo que contribuyó a aliviar la situación en los días siguientes. Pero los graves problemas organizativos hicieron que el secretario ejecutivo de la cumbre y portavoz de cambio climático de la ONU, Yvo de Boer, asumiera públicamente los errores y pidiera disculpas, mientras las autoridades danesas negaban cualquier tipo de responsabilidad en el colapso.
Esposados durante horas
Peor parado ha salido en cambio el Gobierno danés en el aspecto de la seguridad y en el uso masivo de las detenciones preventivas de más de 1.500 personas, la mayoría liberadas después a las pocas horas, en una cumbre en la que no habido enfrentamientos violentos graves ni disturbios equiparables a otras citas de este nivel.
El ministro de Justicia danés, Brian Mikkelsen, mostró su apoyo total a la actuación policial un día después de la gran manifestación del día 12, en la que hubo más de 1.200 detenidos, muchos de los cuales permanecieron esposados en fila durante horas y sentados sobre el helado asfalto para ser liberados sin cargo alguno poco después.
Las justificaciones de Mikkelsen acerca de que la acción policial impidió que Copenhague acabara "en llamas", como había ocurrido con otras ciudades escenario de cumbres, no han evitado las fuertes críticas de ONG, grupos de activistas y organizaciones como Amnistía Internacional.