OTR PRESS/EP PEKÍN/BRUSELAS
Las autoridades chinas ejecutaron ayer como estaba previsto al británico Akmal Shaij, acusado de tráfico de drogas, pese a las peticiones hasta el último momento de lo contrario tanto por el Gobierno británico y la UE como por la familia del reo, que argumentaban que éste padecía problemas mentales. Shaij se convirtió así en el primer europeo ejecutado en China en los últimos 60 años. Para el Tribunal Popular Supremo chino, sin embargo, este argumento no estaba probado y dado que la ley "es igual para todos", Shaij debía ser ejecutado.
Shaij, de 53 años y residente en Londres, fue detenido en el aeropuerto de Urumqi en septiembre de 2007 en posesión de 4,03 kilos de heroína que había transportado desde Tayikistán y condenado a muerte en primera instancia por el Tribunal Intermedio de Urumqi el 29 de octubre de 2008, siendo confirmado el veredicto poco después tras no prosperar las dos apelaciones que presentó.
En cuanto a la supuesta enfermedad mental alegada en defensa del acusado, el tribunal afirmó que "los documentos que se presentaron durante el juicio no demostraron el desorden mencionado, ni tampoco sus familiares poseían un historial médico en el que se incluyera mención alguna a la afección citada".
Según Ivan Lewis, portavoz del Foreign Office británico, Shaij habría sido ejecutado por inyección letal y su cuerpo no será repatriado al Reino Unido ya que el reo fue enterrado rápidamente "de acuerdo con la fe islámica", precisó.
Críticas de la UE
La Unión Europea condenó ayer la ejecución del ciudadano británico, y reiteró su rechazo a este castigo y su defensa de la abolición de la pena de muerte en el marco del respeto de los Derechos Humanos. En una declaración de la presidencia de turno sueca, los Veintisiete "condenan en los términos más firmes" la ejecución de Shaij y "lamentan que China no haya atendido los repetidos llamamientos de la Unión Europea y uno de sus miembros para que se conmutara la pena de muerte" dictada contra este británico.