EUROPA PRESS ROMA
La tensión continuaba ayer siendo alta en la localidad de Rosarno,en el sur de Italia, tras la revuelta originada el jueves por un grupo de inmigrantes en respuesta al ataque cometido por desconocidos y en el que dos subsaharianos resultaron heridos. Ayer, gran parte de la población prefirió quedarse en casa, mientras que muchos comercios y escuelas permanecieron cerrados.
Todo empezó el jueves, cuando unos desconocidos dispararon tiros de aire comprimido contra un grupo de inmigrantes, hiriendo a dos de ellos. Poco después, iniciaron los disturbios, que se saldaron con decenas de escaparates rotos, coches dañados y mobiliario urbano destruido, y los inmigrantes cortaron los accesos a la ciudad. Refuerzos policiales acudieron al lugar para imponer la calma. Grupos de inmigrantes salieron ayer a las calles armados con hierros y palos. El ministro del Interior italiano, Roberto Maroni, dijo que lo que sucede en Rosarno se debe a "la excesiva tolerancia" con la inmigración ilegal.