La robustez del yihadismo en Yemen no se entiende sin tener en cuenta su vecindad con la fallida Somalia, un auténtico eje de desestabilización en permanente estado de guerra desde que en 1991 fue derrocado el presidente Siad Barré. El conflicto somalí, que costó en 1993 su primer revés a EE UU después de la mediática guerra del Golfo, ha convertido a Yemen en una meca del tráfico de armas en la que, en promedio, uno de cada dos habitantes está en posesión de armamento ligero. También ha permitido que los yihadistas de la península Arábiga cuenten con todo tipo de apoyos e instalaciones en los territorios controlados por sus homólogos somalíes, que actualmente se agrupan bajo el nombre de Al Shahab (Juventud).