EUROPA PRESS NUEVA YORK
Barack Obama celebró ayer el primer aniversario de su llegada a la Casa Blanca y lo hizo con un sabor agridulce ya que su partido perdió el martes el escaño que dejó vacante el fallecido Edward Kennedy en el Senado, lo que le deja sin la mayoría de 60 votos en esta cámara necesaria para sacar adelante la reforma sanitaria que se ha convertido en su principal apuesta política.
El republicano Scott Brown, senador de Massachusetts desde hace cinco años, se impuso con un 52% de los votos a la demócrata Martha Coakley (47%), fiscal general de este estado, en la pugna para hacerse con el escaño del último hermano de la saga Kennedy, fallecido en agosto y que fue durante sus más de 40 años en la Cámara Alta estadounidense un firme partidario de la reforma sanitaria. El candidato republicano, muy poco conocido, basó precisamente su campaña en su rechazo abierto a la reforma del sistema sanitario que propugna Obama y ahora dará a su partido la llave para romper la llamada mayoría filibustera con que contaban los demócratas en el Senado, dificultando así la aprobación de la citada medida. Su victoria, además, es histórica, ya que los republicanos no lograban un escaño en el Senado por Massachussets desde 1972.
Un aviso para noviembre
Después de que Coakley, que ha abierto una importante brecha en las filas del Partido Demócrata por sus críticas durante la campaña, admitiera su derrota, el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, emitió un comunicado en el que Obama felicitó a Brown por su victoria.
La victoria de Brown ha lanzado una señal de alarma a los demócratas. Aunque tradicionalmente el partido del inquilino de la Casa Blanca suele perder escaños en las elecciones que se celebran al Congreso a mitad de mandato, ahora se teme que esas pérdidas puedan ser aún mayores el próximo noviembre.
La pérdida del escaño de Ted Kennedy se suma a los dos puestos de gobernadores que el partido perdió en noviembre, por lo que ahora algunos demócratas están empezando a darse cuenta de que los estadounidenses no están contentos con la gestión que están haciendo del país, como también lo confirma la baja popularidad de Obama: 51%.
No obstante, aunque los republicanos parecen encontrarse ahora en una posición mejor que hace un año todavía hay por delante diez meses en los que la situación podría volver a cambiar. Para ello, los demócratas deben ganarse el apoyo de los votantes independientes. "Si no encontramos un modo de hablar a los votantes independientes, estamos acabados", reconoció a la CNN un alto responsable demócrata.
El presidente, además, tendrá que reconsiderar algunas de sus prioridades legislativas. Según los expertos, ahora es menos probable que los demócratas conservadores respalden cuestiones controvertidas propuestas por Obama, por temor a que pueda representar su suicidio políico.