EUGENIO FUENTES VALENCIA
Dos cuerpos y un solo cerebro. Así se ha definido a sí mismo en más de una ocasión el matrimonio Kirchner, formado por la actual presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y su marido y antecesor en el cargo (2003-2007), Nestor Kirchner. Una pareja que ha vuelto a situarse en primera fila de la atención occidental con el enfrentamiento entre la Presidencia y el Banco Central Argentino, tras la decisión gubernamental de recurrir a las reservas del instituto emisor para liquidar una parte de la deuda pública del país, que vence este año.
El choque, que ha involucrado también al Parlamento y a la Justicia, no es sino el último episodio de un largo culebrón que bien podría titularse "Los Kirchner contra todos" y en el que se mezclan acusaciones de enriquecimiento ilícito, pulsos a muerte con el principal grupo de comunicación argentino, editor del diario "Clarín", y hasta un duelo en las alturas entre la presidenta y su vicepresidente, Julio Cobos, a quien Fernández acusó de querer desalojarla del poder antes del final de su mandato, previsto para 2011.
La crisis del "corralito"
El arranque de la trayectoria ascendente del matrimonio Kirchner se sitúa en diciembre de 2001, momento en el que estalla en Argentina la llamada "crisis del corralito", que durante casi dos años pareció situar al país al borde del colapso. Gobernaba entonces el presidente De la Rúa, que aplicó un severo plan de ajuste que provocó una estrepitosa fuga de capitales. Para evitar el colapso financiero, el Gobierno restringió al máximo la posibilidad de sacar dinero de los bancos, lo que se tradujo en violentos disturbios que obligaron a De la Rúa a dimitir el 20 de diciembre. En el curso de pocos días, Argentina conoció cuatro presidentes. El último de ellos, Eduardo Duhalde Mientras éste, que no consiguió cumplir su promesa de garantizar los ahorros que los argentinos tenían en los bancos antes de la crisis de 2001, navegaba en aguas embravecidas, Kirchner, gobernador de la provincia de Santa Cruz, empezó a mover sus hilos dentro del peronismo de cara a las siguientes elecciones presidenciales. El peronismo, que junto a los radicales ha copado la política argentina durante décadas, era una jaula de grillos ingobernable por lo que varios de sus líderes se enfrentaron en las elecciones de 2003. Kirchner llegó con un programa populista de ropajes socialdemócratas, para marcar las máximas distancias con la era de Menem. Y ganó. Por entonces, Cristina era senadora.
Siete años después, Kirchner es diputado y Primer Caballero, ya que en 2007 optó por no presentarse a la reelección. En su lugar lo hizo el otro cuerpo con el que comparte el cerebro, su esposa, quien impulsada por el más o menos saneado balance económico del mandato de su marido, se alzó con el triunfo en las urnas. Pero si el mandato de Kirchner estuvo marcado por la salida de Argentina del pozo del corralito, aunque al menos un 30% de sus ciudadanos viva en la pobreza, el de Cristina Fernández, teledirigido para muchos por el Caballero, lo ha estado por el aumento de la inseguridad ciudadana, la crisis económica, los escándalos, los enfrentamientos dentro y fuera del peronismo, y las acusaciones de corrupción, en un proceso que ha llevado a los Kirchner por la senda de la victimización al asegurar que "todos" están contra ellos. Quienes, como Mario Vargas Llosa, discrepan de esta teoría "conspiranoica" aseguran, sencillamente, que "Cristina es un desastre" que conduce a la Argentina directamente a la anarquía.
Los Kirchner no se han llevado nunca bien con la prensa, y en particular con el principal grupo de comunicación argentino, el editor del diario "Clarín", propietario también de emisoras de televisión. El desencuentro se remonta a los tiempos en los que Kirchner dio el salto a la política nacional desde Santa Cruz, pero no ha cesado de crecer. Una caricatura de ese periódico en la que Cristina Fernández era representada con la boca tapada por una venda desató en abril de 2008 las iras de la Presidenta, que habló de "mensaje cuasimafioso" y comparó la situación con la que vivía el país en vísperas del golpe militar de 1976.
Podría considerarse que el enfrentamiento es el resultado normal de la fiscalización mediática a un Ejecutivo, pero en el caso de "Clarín" se suma, además, una "guerra del fútbol", la desatada cuando, en agosto de 2009, el Gobierno decidió nacionalizar la transmisión de fútbol por televisión, privando a las emisoras de un jugoso pastel. El choque de trenes ha degenerado en ataques de elementos considerados progubernamentales a sedes de medios vinculados al grupo y, el pasado septiembre, culminó con el envío de una legión de 200 inspectores fiscales a la sede de "Clarín" y otras empresas del mismo consorcio. Los medios son, claro, quienes han dado cauce a las acusaciones de enriquecimiento ilícito de los Kirchner, sobreseídas por la Justicia. Entre 2003 y 2008, es decir desde que Néstor llegó a la Presidencia hasta que Cristina cerró su primer año en la Casa Rosada, su patrimonio se multiplicó por siete. Un 700% que contrasta seriamente con la inflación acumulada en el periodo, que fue del 58,7%.
En mayo de 2003, la pareja tenía depósitos bancarios y 23 inmuebles en la capital de Santa Cruz, la mayoría colocados en alquiler. O sea, 6,8 millones de pesos (1,2 millones de euros de ahora mismo). En 2007, al final del mandato de Kirchner, eran ya 3,2 millones de euros: más inmuebles, rehabilitaciones y buenas inversiones financieras. 2008 fue francamente propicio; su patrimonio subió a 8,5 millones de euros, con un alza del 158,2% en sólo doce meses y del 571% desde 2003. La clave, además de rehabilitaciones y alquileres, una remuneración media para sus ahorros del 12%, cuando lo normal en Argentina era el 2,5%.
Pelotazo inmobiliario
Resumiendo, los Kirchner tenían a finales de 2008 5,9 millones de euros en depósitos, 3,3 millones en cuatro empresas y 2,6 millones en 28 propiedades. También tenían deudas: 3,5 millones de euros. Pero nada de todo esto hubiera sido posible sin la colaboración de Néstor Méndez, el alcalde de la localidad turística santacruzina de El Calafate, próxima al glaciar Perito Moreno. Méndez les vendió a precios de 69 a 92 céntimos el metro cuadrado parcelas inmensas, muchas de las cuales las revendieron a un precio superior a los 50 euros por metro, obteniendo en alguna de esas operaciones un beneficio del 4.800%.
El último episodio que ha dado la vuelta al mundo en la carrera de los Kirchner ha sido su intento de toma al asalto del Banco Central, saldado con el intento de destitución de su gobernador, Martín Redrado, repuesto por la autoridad judicial. No es la primera vez que, para enderezar las cuentas de un país golpeado por la crisis, la Presidenta recurre a dineros ajenos: en 2008, ante la dificultad de encontrar créditos para su Gobierno, nacionalizó los fondos de pensiones. Una actuación impensable en un país con garantías democráticas, aunque frente a los gritos de escándalo, Kirchner siempre tiene una salida: "Somos nosotros o el caos, acuérdense del corralito".