J. CASADO VALENCIA
Un terremoto de siete grados en el país más pobre significa que en Haití ha temblado un suelo que no existe. El seísmo es una catástrofe natural, pero lo sucedido en el alimenticio suelo haitiano es el producto de un "arboricidio" sistemático que empezó poco después de que el 5 de diciembre de 1492, en su primer viaje a Indias, Cristóbal Colón pisara esta entonces frondosa isla de las Antillas Mayores, que llamó La Española .
Los que la han visitado destacan lo pelado que está Haití -la parte más occidental de la isla-, frente a su vecina, la República Dominicana. Son dos países, dos historias, dos colonias y dos independencias diferentes, pero en Haití siempre el mismo "arboricidio". Según "National Geographic", los españoles talaron para plantar azúcar, y luego los franceses, para los lucrativos plantíos de café, índigo y tabaco.
Cuando los esclavos se rebelaron en 1804, pagaron su independencia en árboles: Francia recibió 93 millones de francos de su ex colonia como indemnización, la mayoría en madera. Después, especuladores y agricultores de clase alta expulsaron a los campesinos de los valles fértiles a zonas boscosas y escarpadas, donde cultivaron intensivamente maíz, fríjol y yuca en estrechas parcelas y lo combinaron con una industria creciente de carbón vegetal y madera para combustible que extremó la deforestación y la pérdida de suelo.
Hoy queda menos del 4% de los bosques de Haití, y el suelo está erosionado hasta la capa rocosa. De 1991 a 2002 la producción alimenticia per cápita disminuyó el 30%. "La tierra está cansada", dicen allí.
Ser el país más pobre del continente americano significa ocupar el puesto 108.º en el índice de desarrollo humano, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y que de los 8.120.000 haitianos (antes del terremoto) el 65% de la población viva por debajo de la línea de la pobreza y no supere los 50 años. La mitad de los haitianos tiene menos de 16 años.
La mitad sufre desnutrición
El 47% de los haitianos sufre de desnutrición crónica. El arroz es el 20% de la dieta en Haití, y aumenta. En 1981 el país importó 16.000 toneladas. Hoy se introducen veinte más y produce menos de un cuarto del que consume. Un 60% de la población muere de sida, la tasa más alta en el Caribe, según la Organización Mundial de la Salud. El 90% no tiene acceso a la sanidad.
Si en la calle se compran víveres y el agua a los aguadores, se deambula, se duerme a la intemperie o entre basura, se come, se bañan en aguas nauseabundas y se muere, es porque el 80% de la gente no tiene empleo y el 80% de los niños no está escolarizado.
Al otro lado de la frontera está la República Dominicana, un país situado en la mitad de la tabla mundial de desarrollo humano, donde la expectativa de vida es 22 años superior, y la renta per cápita, seis veces más alta (1.155 por 6.706 dólares en 2009).
El antropólogo evolucionista estadounidense Jared Diamond estudió las diferencias entre los dos países en un capítulo de "Colapso", su libro de 2005. La primera República negra del mundo fue francesa, y mientras que Francia explotó los recursos haitianos, España ignoró a la República Dominicana. Haití no desarrolló una agricultura comercial, y trató de extraer la riqueza mediante los campesinos. Como resultado, la mayor parte del país fue usada sin ningún criterio de sostenibilidad o previsión del impacto a largo plazo de las acciones.
El sistema esclavista de los franceses fue rápidamente demolido tras la independencia de Haití (1804): "Los antiguos esclavos mataron a muchos blancos, destruyeron las plantaciones y la infraestructura, con objeto de hacer imposible la reconstrucción del sistema esclavista, y dividieron las plantaciones en pequeñas granjas familiares. (?) Haití también perdió recursos humanos con la matanza de la población blanca y la emigración de los supervivientes". Durante el resto del siglo XIX las élites haitianas cerraron el país al comercio.