EFE LONDRES
El que fuera ministro británico de Exteriores durante la guerra de Iraq, Jack Straw, aseguró ayer que la decisión de atacar el país árabe fue "la más difícil" de su vida y admitió que, si él se hubiera opuesto, seguramente el Reino Unido no habría podido participar en la ofensiva.
Straw, actualmente titular de Justicia, declaró ayer ante la comisión independiente que investiga las circunstancias de la guerra contra Iraq declarada por EE UU y el Reino Unido en marzo de 2003, cuando Tony Blair encabezaba el Gobierno británico.
En una declaración escrita previa a testificar ante los investigadores, el ministro indicó que el asunto de Iraq le planteó "un profundo dilema moral y político", aunque finalmente optó por apoyar la invasión y nunca se ha "retractado" de ello.
Reconoció que fue consciente de que, como responsable del Foreign Office, su apoyo a la invasión sería "crucial: si lo hubiera denegado, la participación del Reino Unido en la acción militar no habría sido posible".