Rafel montaner valencia
Abdelaziz Buteflika inició en 2009 su tercer mandato consecutivo tras cambiar la Constitución para poder perpetuarse en como presidente a sus 72 años. ¿Qué queda de democracia en Argelia?
Para mi nada. Nada. En los años 80 dimos un paso muy importante, hubo manifestaciones, el pueblo salió a la calle para pedir más libertad y más democracia. Conseguimos muchas cosas, principalmente partidos políticos tras décadas de partido único (el Frente de Liberación Nacional). También aparecieron periódicos independientes. Pero con la llegada de Buteflika al poder, en 1999, perdimos todo lo que ganamos en 10 años. Ahora tenemos una democracia de fachada, un poder presidencialista.
Tras 10 años en el poder, Buteflika fue reelegido con más del 90% de los votos. ¿Cuesta creer que no hubo fraude?
Fue increíble. Hemos vuelto a los años 70 cuando cada vez que había elecciones votaba el 90% de la gente y también el 90% de votos eran a favor del presidente en el poder. Fue un fraude electoral generalizado muy organizado desde la Administración. Buteflika no dejará el poder hasta que se muera, pero yo estoy seguro que pondrán en su lugar a su hermano, que ya lo están preparando para ello, o a otro que sea una creación del sistema.
¿Qué siente cuándo ve a líderes de la Europa democrática como Sarkozy o Zapatero venga a darse abrazos con Buteflika?
En tiempo de crisis todos los países buscan mercados y está, sobre todo, el tema del gas natural -Argelia es el octavo país del mundo con mayores reservas -, y por eso me parece que cada país quiere posicionarse en el tablero estratégico del suministro de gas. Así, que el cambio no llegará de la presión internacional sino dependerá de que la oposición interior, que carece de líderes, despierte. Muchos de los dirigentes políticos están comprometidos con los círculos de poder del presidente... Sindicatos, asociaciones civiles, partidos forman todo un movimiento de apoyo a Buteflika. Todos reciben su parte de un pastel donde hay mucho dinero.
¿Cómo se vive en Argelia?
Ahora hay manifestaciones cada día. El paro y la falta de viviendas han provocado un gran malestar social. Hay familias de hasta 15 personas viviendo en pisos de dos o tres habitaciones. En Argel ya no se puede vivir. El Gobierno permite estas protestas porque son un válvula de escape de la presión social, ya que son espontáneas y no hay un poder de contestación que pueda liderarlas. La gente sale a la calle a pedir el cambio, pero a diferencia de Ucrania, Georgia o Tailandia, no hay líderes de oposición que puedan unir estos brotes espontáneos.
¿Cómo puede estar tan mal la situación teniendo una de las mayores reservas de petróleo (la número 14) y de gas del mundo?
Porque hay una mala gestión de los ingresos del petróleo y del gas. La empresa más grande de Argelia, Sonatrach, que gestiona los hidrocarburos del país, está inmersa en un escándalo de miles de millones de dinares. El proyecto más importante del país, la autopista del oeste hasta el este, que cuesta mucho mucho dinero, también está salpicada por un caso de corrupción. La corrupción ha gangrenado el poder en Argelia. Mientras unos pocos se enriquecen con ella, la pobreza va creciendo entre la población ahora que no hay trabajo. El paro es muy importante. Las cifras oficiales de desempleo son todas falsas. La mayoría de los jóvenes está fuera del sistema de educación debido a las altas tasas de fracaso escolar, el 60% de la juventud está en la calle sin trabajo.
¿El combate contra el terrorismo integrista ha sido una escusa para reducir las libertades?
La verdad es que todavía hay inseguridad, pero no es la misma situación que en los años 90. La lucha antiterrorista es un pretexto para mantener el estado de emergencia y cerrar así el espacio democrático con el fin de que no haya una oposición con fuerza.
¿Qué fue lo que le empujo a tomar el difícil camino del exilio?
Las amenazas a mi familia, a mi hijo principalmente, que entonces tenía 11 años. Dos personas, que yo supongo que eran de la Seguridad Militar, llegaron al colegio de mi niño y le dijeron '¿Eres el hijo de Buziane? Dile a tu papá que te hemos visto...' Después, un oficial me dijo 'Hemos visto a tu hijo'. Mi vida no me pertenece, la he concebido para mi trabajo de periodista. No tenía miedo ni del poder ni del terroristas, que quisieron matarme tres veces, pero no podía poner en juego la vida de mi familia. Después de esas amenazas contra mi hijo salí del país en 48 horas, pero antes me habían cerrado mi periódico de una manera arbitraria. Vinieron con una orden del Fiscal General, sin juez, sin abogado, sin ninguna ley. Debía cerrar y nada más.