EFE MOSCÚ
Diez años después de convertirse en el hombre más poderoso de Rusia, Vladímir Putin se sigue resistiendo a reformar el sistema político ruso. Putin, que dejó de ser presidente en mayo de 2008 para asumir el cargo de primer ministro, sigue considerando intocable el modelo de poder -una centralización político-administrativa similar al conducto reglamentario militar-, que él mismo impuso.
Como resultado, sólo cuatro partidos políticos tienen representación parlamentaria, los gobernadores son designados por el Kremlin y la oposición liberal está marginada. "Todo sistema político eficaz debe tener un saludable nivel de conservadurismo. El sistema político no debe temblar como la gelatina cada vez que la tocas", sostiene.
Putin, que recibió hace diez años el poder de manos del primer presidente democráticamente elegido de la historia de Rusia, Borís Yeltsin, hizo estas afirmaciones durante una reunión del Consejo de Estado presidida por el jefe del Kremlin, Dmitri Medvédev.
El mensaje para navegantes no se presta a confusión: Putin no ve a Rusia preparada para las drásticas reformas políticas que demanda el sector liberal del Kremlin, la oposición y muchas cancillerías occidentales. El jefe del Gobierno ruso, en una frase más propia de un dirigente chino, cree que Rusia necesitará una democracia dirigida hasta que el nivel de vida de la población y su madurez política se hayan acercado a los niveles occidentales.
De hecho, en los 20 meses que Medvédev lleva en el poder lo único que ha podido hacer es aportar algunos retoques cosméticos. En su primer mensaje sobre el estado de la nación, Medvédev propuso aumentar de cuatro a seis años el mandato presidencial. De esta forma, el candidato que gane los comicios presidenciales de 2012 podrá permanecer en el Kremlin hasta 2018, modificación que bien podría aprovechar el propio Putin.
Mientras, el eterno líder comunista, Guennadi Ziugánov, afirmó que la reforma del sistema político es urgente, ya que el partido gobernante, Rusia Unida, se ha convertido en una versión moderna del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). De la misma opinión son los liberales, que además acusan a Putin de poner en pie un sistema en el que se persigue a todos los funcionarios, opositores y activistas que osen disentir o manifestarse en contra del Kremlin.
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