EFE LISBOA
La isla portuguesa de Madeira ha quedado destrozada por las riadas del sábado, que causaron la muerte al menos de 43 personas, heridas a otras 120 y 250 desalojados. Y los equipos de rescate, que empezaron ayer las labores de búsqueda de cadáveres y desaparecidos, temen encontrar cuerpos en los vehículos y casas enterradas bajo toneladas de lodo ya que el temporal ha provocado corrimientos de tierra fatales. El Gobierno portugués decretó tres días de luto oficial por las víctimas de las riadas.
Algunas de las zonas más turísticas de la bahía de Funchal, la capital del archipiélago, amanecieron ayer convertidas en un auténtico barrizal, mientras las autoridades se afanaban por despejar calles y carreteras de los escombros arrastrados con violencia por las laderas en las que se asienta buena parte de la ciudad. Entre las viviendas y automóviles destrozados, los bomberos encontraron ya los cuerpos de 17 de las víctimas mortales, pero aún no han podido acceder a muchas localidades de la periferia de la ciudad, donde las carreteras, el teléfono y la energía eléctrica fueron barridas por la fuerza de las aguas junto a casas enteras.
El responsable de Asuntos Sociales del Gobierno regional, Francisco Ramos, expresó su temor de que el número de muertos suba a medida que los servicios de protección civil limpien zonas ahora cubiertas de barro y accedan a las zonas más damnificadas.
Desde Lisboa partieron varios aviones y una fragata militar con ayuda médica y humanitaria, helicópteros, submarinistas para buscar cuerpos en la bahía de Funchal y especialistas de las fuerzas de orden con perros entrenados en la búsqueda de víctimas. Por su parte el presidente del Gobierno Regional de Madeira, Alberto Joao Jardim, explicó que van a remitir a Bruselas "una solicitud de ayuda". El presidente de Portugal, Aníbal Cavaco Silva, apeló ayer a la "solidaridad nacional". "Madeira necesita toda nuestra solidaridad y ayuda", dijo.