Martina Maturana, una niña de 12 años, es la responsable de que en la isla de Robinson Crusoe, la única habitada de las tres que integran el archipiélago Juan Fernández, no haya habido más víctimas mortales de las ocho que dejó el tsunami tras el terremoto. En la isla el seismo apenas se dejó sentir, pese a lo cual la pequeña, hija de un carabinero, avisó a su padre quien, tras tranquilizarla llamó al abuelo a Valpaiso, en el continente, y les informó de la magnitud de lo ocurrido. Nada más oír lo que pasaba, y tras ver por la ventana que las barcas en el puerto chocaban entre sí en un mar agitado, la pequeña corrió a la plaza de la isla e hizo sonar el bong instalado en el parque, alertando a los vecinos. Su gesto despertó a algunas personas, que inmediatamente hicieron sonar las campanas y huyeron hacia las zonas más altas. Minutos después, una ola gigante irrumpió en la isla, provocando importantes daños. epsantiago de chile