EFE/EP RAMALA/NUEVA YORK
El presidente palestino, Mahmud Abas, y el vicepresidente de EE UU, Joe Biden, coincidieron ayer en condenar la decisión de Israel de construir 1.600 casas más en colonias judías de Cisjordania y Jerusalén Este, y afirmaron que esas medidas socavan las conversaciones indirectas de paz bajo los auspicios de EE UU.
A la condena se unió el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, que reiteró que los asentamientos "son ilegales bajo la ley internacional" y subrayó que "esa actividad es contraria a las obligaciones de Israel derivadas de la hoja de ruta" del Cuarteto mediador para Oriente Próximo, del que además de la ONU, forman parte la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia.
Tras entrevistarse durante dos horas en Ramala con el número dos norteamericano, Abas llamó a Israel a "suspender las actividades en las colonias y a cesar de imponer hechos consumados", porque "es hora de hacer la paz basada en una solución de dos Estados". El líder palestino exhortó a Israel a "no perder la oportunidad de hacer la paz y darle una oportunidad a los esfuerzos del presidente Barack Obama, y su enviado George Mitchell".
A punto de cancelar una cena
El lunes el enviado estadounidense anunció el comienzo de las llamadas "negociaciones de proximidad", tan sólo unas horas después de conocerse que el Ministerio de Defensa de Israel había aprobado la construcción de 112 viviendas en la colonia de Betar Ilit, en el distrito cisjordano de Belén.
El martes, cuando Biden estaba reunido con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, el Comité de Planificación del Distrito de Jerusalén aprobó un nuevo proyecto de 1.600 viviendas en Ramat Shlomo, un barrio ultraortodoxo judío construido sobre territorio ocupado en 1967 en Jerusalén Este. La noticia cayó como un jarro de agua fría sobre Biden, que estuvo a punto de cancelar una cena en privado con Netanyahu y a la que, como protesta, llegó hora y media tarde, informó ayer el Yediot Aharonot.
Según los medios locales, el primer ministro israelí se disculpó insistentemente ante su invitado y le aseguró que no sabía que la comisión municipal iba a estudiar el caso, y exigió a su ministro del Interior, Eli Yishai, que hiciera pública una declaración en la que refrendara sus palabras. "Pido disculpas por el desasosiego que este asunto ha provocado", declaró el ministro ayer a la emisora la Vopz de Israel.
Desde Ramala, Biden respondió a Israel que evite "actos sobre el terreno que puedan inflamar los ánimos". Su crítica no fue menos contundente que la condena escrita que su oficina había difundido la madrugada anterior tras conocer la aprobación del proyecto y en la que, por primera vez, la Administración de EE UU en lugar de expresiones como "hemos pedido aclaraciones", recurrió a una palabra hasta ahora casi impronunciable; "condena".