AGENCIAS LONDRES
El Partido Laborista se enfrenta el próximo 6 de mayo a las elecciones más difíciles desde que Tony Blair llevó a esta formación a recuperar el poder en 1997 y a una profunda y dolorosa renovación si, como prevén las encuestas, logra sus peores resultados electorales del último cuarto de siglo. Los últimos sondeos otorgan al laborismo, que dirige el primer ministro, Gordon Brown, una intención de voto por debajo del 30%, un porcentaje que, de repetirse en las urnas, supondría el peor resultado obtenido por este partido desde que Margaret Thatcher arrasó al líder laborista, Michael Foot, en 1983. Incluso, los laboristas han perdido el apoyo del periódico The Guardian, que el pasado viernes dio un apoyo "entusiasta" a la nueva figura emergente de la política británica, Nick Clegg, el líder del Partido Liberal Demócrata, que está robando al laborismo el mensaje progresista y de renovación, y al que todos los sondeos le aupan al segundo puesto en número de votos, lo que dejaría a los liberal democratas como la formación bisagra del próximo Gobierno.
Los laboristas tendrían que conformarse, en ese caso, con ser la tercera fuerza más votada, una situación sin precedentes desde la II Guerra Mundial. Si se produce la prevista derrota histórica, el jueves marcará el final de la carrera política de Gordon Brown, que heredó las riendas del partido y del Gobierno de Tony Blair en junio de 2007.
Trece años en el poder queman a cualquier político, pero en el caso del laborismo la situación se ha agravado en el último año y medio por la crisis económica y por el escándalo del abuso de los gastos de los parlamentarios, que ha terminado por alejar a los votantes.
Por lo que respecta a los conservadores, después de trece años de una dura travesía por el desierto, en la que han cambiado cuatro veces de líder, están hoy más cerca del poder, pero sin aparecer como una sólida alternativa de Gobierno. Este partido, el más antiguo del Reino Unido, confía en que esta vez su joven y carismático líder, David Cameron, consiga las llaves del número 10 de Downing Street con su política de "conservadurismo compasivo".
Pero lo que hace seis meses aparecía como un triunfo casi seguro de los tories en las elecciones generales de este 6 de mayo, a juzgar por las encuestas sobre intención de voto, la victoria del primer partido de la oposición británica no está hoy tan clara y la suerte, incluso, puede jugar en su contra. La carrera por el poder es impredecible ya que la diferencia en los sondeos de los tres principales partidos -conservadores, laboristas y liberal demócratas- es muy pequeña, con una ligera ventaja, no obstante, de los tories.
Los analistas ya hablan de un Parlamento sin clara mayoría, algo poco común en el Reino Unido, donde el sistema electoral de mayoría simple a una sola vuelta favorece el bipartidismo entre las dos formaciones tradicionales: laboristas y conservadores.
¿Qué ha pasado con los conservadores para esta caída en las encuestas en tan sólo seis meses? A pesar de los esfuerzos de Cameron por presentar a un partido renovado, nuevo defensor de las clases desfavorecidas y de los servicios públicos, los tories no logran distanciarse del sello que les ha identificado durante décadas: dominio de los ricos, de la clase media blanca, con prejuicios hacia las minorías étnicas e indiferentes hacia la población sin recursos.
El "partido malvado"
Esta formación ha llegado a ser catalogada como el nasty party (el "partido malvado"), una marca que Cameron se ha esforzado por "descontaminar" desde que asumió las riendas del partido en 2005. Para conseguir votos, Cameron se ha distanciado de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher (1979-1990), a la que casi no menciona, y ha atraído a su círculo a políticos al europeísta Kenneth Clarke, ex ministro de Economía e Interior.
Con todo, Cameron no se puede fiar de su mejora en las encuestas tras el último debate televisivo del pasado jueves. Brown -perdedor en todos los sondeos- se agarra a la posibilidad de que las peculiares características del sistema electoral británico le permitan dar la que sería una de las mayores campanadas recientes en unos comicios y permanecer en el 10 de Downing Street cinco años más.
Los laboristas pueden gobernar con menos votos que los "tories"
Los 45 millones de británicos con derecho a voto renovarán la Cámara de los Comunes, que es la que elige al primer ministro, ya que no se vota al líder de un determinado partido, sino al representante de cada una de las formaciones en la circunscripción en la que residen. En cada una de esas circunscripciones, el candidato más votado es el único que logra representación en la cámara baja, aunque logre un porcentaje escasamente representativo. "Se puede llegar a ganar toda una circunscripción con sólo un 26% del voto, aunque la norma general es hacerlo con un porcentaje%", dijo recientemente Patrick Dunleavy, profesor de la London School of Economics. Es por eso que se puede dar la circunstancia de que los laboristas sean la fuerza con más parlamentarios aunque logre un porcentaje menor de voto general, ya que en sus plazas fuertes suele imponerse a los "tories" con una diferencia menor que la que obtienen éstos en sus feudos más sólidos.