La vida en el agujero

 

Rescate histórico. Los 33 mineros atrapados en Chile resistieron 67 días a 700 metros de profundidad. Los primeros 17 días, totalmente aislados del mundo. Su experiencia límite demuestra cómo la fuerza de voluntad y la organización se impusieron al desánimo, aunque también hubo momentos de tensión, sellados por un "pacto de sangre".

LEVANTE-EMV VALENCIA
Según pasan los días desde el rescate, y pese al pacto de silencio entre los 33 mineros sepultados durante 69 días, comienzan a conocerse detalles sobre la difícil convivencia entre estos hombres. Temieron morir bajo tierra al pensar que no los estaban buscando. "Pensaban que se iban a morir de hambre y sed, de a poco", señaló Doris Contreras, la madre de Pedro Cortez.
"El momento más difícil fue cuando se despejó todo y vimos la piedra que estaba puesta. No era como cualquier accidente", relató Luis Urzúa, el jefe de turno, al presidente chileno Sebastián Piñera. Urzúa recordó la llegada de la primera sonda al refugio el pasado agosto. "Todos querían abrazar el martillo, colocarle papeles que decía 'sácame, papá', 'tengo hambre' o 'cuida a la familia'", explicó. Finalmente el mensaje elegido fue el ya famoso "Estamos bien en el refugio los 33", que dio la vuelta al mundo con la noticia de que los mineros estaban vivos.

"Pacto de sangre"
La mayoría de los mineros no se ha enfrentado todavía a las preguntas de los centenares de periodistas llegados Chile desde todos los rincones del mundo, pero poco a poco se va conociendo cómo fue su vida bajo tierra, lo que sintieron y fueron registrando física o mentalmente en su cuaderno de bitácora. Se remiten a la máxima "lo que pasó en la mina, se queda en la mina". Esta frase se refiere especialmente a los primeros días, esos malditos 17 primeros días en los que la esperanza de seguir viviendo languidecía poco a poco, como sus cuerpos, como su comida. Cuando pudieron transmitir su famoso mensaje entre la euforia de una vuelta inesperada a la vida, todos llegaron a un pacto de sangre por el cual no revelarían los detalles más escabrosos de su supervivencia en la mina.
Postrado en su cama en el hospital, con sus gafas de sol, Urzúa, que se encargó de poner orden, relató que en los primeros momentos tras el derrumbe, las nubes de polvo que les limitaban la visibilidad a menos de un metro. Urzúa, en declaraciones al rotativo británico The Guardian, recuerda que "luego nos pusimos a pensar en la comida". Las reservas de comida daban para apenas media cucharada de atún y salmón, según las reservas que tenían en el taller. Cada 24 horas comían una pequeña porción de atún. "Nada más", recuerda Richard Villaroel, otro de los atrapados, un mecánico de 23 años que perdió la esperanza de ver el nacimiento de su hijo. El resultado es que sus cuerpos se marchitaban poco a poco. Villaroel perdió 12 kilos.
El fantasma del canibalismo rondaba en el ambiente, pero esos 17 días nadie lo dijo. "En ese momento nadie habló de ello pero una vez llegó la ayuda se convirtió en un tema de chiste", precisa. Además de la escasa comida, los mineros tenían que beber agua contaminada, la única que había. "Tenía mal sabor, con cantidad de gasolina de las máquinas, pero tenías que beberla", añade.
Los rumores sobre las divisiones dentro del grupo se dispararon tras mostrarse el vídeo en el que aparecían todos, donde cinco de ellos se negaron a posar y enviaron de vuelta las cámaras que les facilitaron. Uno de ellos fue el propio Villaroel, cuyo padre relataba que al minero no le gustaba la forma en la que se mostraban sus compañeros. Otro minero, Osmán Araya, le contó a su hermano Rodrigo que se habían formado tres grupos y que había peleas sobre el espacio y las prácticas laborales.
"Se dividieron en tres grupos porque estaban peleados. Se produjeron las primeras peleas", asegura Daniel Sanderson, un minero que acabó su turno de noche y dejó la mina solo unas horas antes del derrumbe. Preguntado sobre la naturaleza de los conflictos, responde: "Eso es parte del pacto." ¿Y cuál es el pacto? Además de no revelar lo ocurrido en la mina, está la segunda parte, la más difícil de cumplir: compartir de forma equitativa los beneficios sobre las entrevistas, los derechos de autor de los libros y las películas que se harán, así como los regalos que les vendrán.
Pero una vez fueron localizados por los equipos de rescate, la situación en la mina cambió por completo. Con ingenio y tecnología de última generación, los 33 mineros lograron contrarrestar el hambre, la ansiedad y el encierro durante más de dos meses, en el mayor hito de supervivencia del que se tenga registro. Una vez que se produjo el hallazgo de los mineros, se estableció inmediatamente una rutina de comidas: desayuno, refrigerios, almuerzo, merienda y cena. Apoyados en un cable de energía eléctrica de 500 vatios, instalaron luces para simular el día y la noche, en un intento por mitigar daños en sus ojos. Tuvieron horarios para hacer ejercicios que fueron definidos previamente por especialistas para que no se atrofiaran sus músculos y mejoraran su capacidad aeróbica.
Trabajar en turnos de ocho horas, mantener las horas de sueño, repartir bien la comida, estar entretenidos y sobre todo tener un líder son algunas de las pautas que los conocidos como "héroes de Atacama" tuvieron que llevar para sobrevivir a 700 metros bajo tierra.

"El pastor" vuelve a la mina tres días después
José Henríquez se convirtió ayer en el primer minero de los 33 rescatados, en volver junto a sus familiares al yacimiento San José para recoger sus cosas que permanecían en su casillero. Henríquez, "El Pastor", fue el guía espiritual de los 33 de Atacama, volvió al lugar del siniestro, según indicó su hermano Gastón a Radio Cooperativa. "Ha querido venir aquí para palpar más cerca, todo lo que vivimos y para estar en paz, tranquilo y a la vez le estamos dando las gracias a Dios", señaló.
Gastón Henríquez añadió que el hecho de estar nuevamente en el yacimiento "son sentimientos de nostalgia, el proceso que vivimos acá desde la angustia a la alegría. Es un momento muy fuerte, muy emotivo, después de todo lo que vivimos". José Henríquez asumió el rol de guía espiritual entre sus compañeros por su apego a la religión evangélica, pidió 33 biblias y dirigía los rezos dos veces al día.
Por otra parte, el portavoz de los 33 mineros chilenos rescatados, Juan Illanes, pidió ayer a los medios de comunicación que finalicen con "el acoso periodístico", que calificó de "lamentable".
"Pido respeto y que nos dejen el espacio suficiente para aprender cómo enfrentarnos a ustedes", afirmó Illanes en la primera conferencia de prensa que ofreció uno de los 33 mineros de Atacama tras ser rescatados.

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